Un post insistente

Buenos Aires, Viernes 8 noviembre 2013

Hace una semana escribí un post que yo creía mantener como borrador, cuando en realidad había publicado por error. No me di cuenta hasta que apareció entre mis feeds, entonces lo puse en modo privado y me olvidé del tema. No quería publicarlo porque mientras lo escribía pensé que era contradictorio. Pero el asunto fue que a pesar de estar offline aparecieron unos tweets, y algunos amigos me mandaron emails preguntándome porqué lo había borrado. Justo un post que hablaba del acto de borrar y la vida offline insistía en permanecer!

Así que para corregir la versión preliminar de este post que se escapó en un RSS, y atender a su misteriosa vitalidad, ahora lo publico editado.

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Cukmi Offline

Cukmi: 14 de septiembre de 2010/ 31 de octubre de 2013

“Preferiría no hacerlo”
Bartleby. Herman Melville

Esta pequeña memoria SD contiene los 520 megabytes que constituyen la edición de Cukmi durante 3 años. En su interior hay guardados (en números redondos) más de 2.000 notas, 200 entrevistas, 4.000 encuestas, 10.000 links, 400 recetas, fotos, videos e ilustraciones, y la base de datos de todos los usuarios que interactuaron con comentarios o se suscribieron. En la era de los datos de tamaño galáctico todo esto es menos que un grano de arena.

Podía haber dejado que Cukmi quedara en un estado de vida asistida por respirador para ser consultado por algunas de las miles de visitas que recibía diariamente desde Google, pero ¿por qué hacer eso? ¿para qué? me gustó mucho más la idea de apagar Cukmi, de extraer de Internet todo el contenido y que todos los links que llegaran a Cukmi.com se encontraran con:

Si: ¡Vaya! ¡Google Chrome, no pudiste!  Cukmi no está más, está guardado en una caja.

A veces es bueno decir que no.

Vivimos un período insólito donde deseamos que toda la información este accesible siempre. Sin saber porqué, aspiramos a contribuir con nuestros datos a la vastedad de bits que se expande como una pudrición, y en esa actitud anhelante terminamos comportándonos como empleados de Google. Hacemos todo lo que nos pide para que nuestros bits prosperen, hasta escribimos y diseñamos nuestros sitios en función de ser hallados por Google (SEO), un sometimiento tan inevitable como inaceptable que empequeñece el lenguaje asimilándolo a una nomenclatura. ¿Querés que Google te encuentre mejor? Deberías…

Crear títulos únicos y descripciones pertinentes del contenido de cada página. Cada página es una tarjeta de presentación para el buscador. Los títulos y descripciones son puntos de partida para la identificación de los términos relevantes a lo largo de la web por los buscadores. Las mejores prácticas recomiendan escribir títulos de entre 60 y 70 caracteres.

No, Google. Cada página, cada foto, cada video, cada cosa en el mundo, no son una tarjeta de presentación para el buscador. Es extraño a donde llegamos, en lugar de que Google tenga que aprender cómo escribimos los humanos, nosotros tenemos que aprender como Google lee.

Voy a exagerar, pero creo que que somos la civilización más obediente de la historia. Sin discutir escribimos como nos dice Google. Y también, con la misma indolencia, obedecemos a Facebook. Facebook, que nos penaliza con su alcance (mostrar a más o menos gente lo que publicamos) si no actualizamos diariamente nuestros pensamientos. Es increíble, Facebook nos pregunta “¿Qué estás pensando?” ¡Y  le respondemos! Pero aún así nos penalizará si no lo hacemos todos los días o usamos una aplicación externa para publicar en sus páginas. La autocracia de Facebook nos rige con leyes que no podemos discutir, amenazándonos ante una transgresión con sus fallos inapelables. Facebook, que nos encierra en su sistema para usar sus algoritmos secretos que estudian desde nuestros rostros hasta nuestras relaciones para crear una taxonomía de 1000 millones de seres humanos como si fuesen bichos.

Estamos desorientados. Por eso obedecemos. Por ejemplo, aceptamos que Facebook use avisos engañosos con el rostro de nuestros amigos para confundirnos y, lo que es peor, que use nuestro propio rostro para engañar a nuestros amigos ¿o no es así? ¿no estamos aceptando esos usos delirantes de nuestra identidad? Nos parece normal que un “like” casual sea una autorización a poner nuestra propia cara para presentar lo que sea. Somos tan dóciles que en cuanto Facebook hace un cambio leemos las nuevas disposiciones para obedecerlas de inmediato.

Somos sumisos a todas las arbitrariedades que se nos imponen para existir en Internet, al punto someternos sin chistar con tal de incrementar nuestra vitalidad digital. Llegamos a tener una cuenta activa en Google+!!, esa especie de Disney World abandonado ; )) que se resiste a morir sostenido por la alimentación parental del dinero  infinito. Lo hacemos con el único objetivo de que nos optimice, o que no nos castigue con un algoritmo venenoso que nos haga en Internet menos aptos que los demás.

Para aumentar nuestra reputación digital aceptamos exponernos al ridículo en Twitter. Nos arriesgamos a decir frases que pueden dañarnos ahora o en el futuro, sin dudarlo. Es que queremos ascender al podio invisible de Klout sin saber para qué ¿Qué vas a hacer con esos puntos de reputación? ¿Vas a decirle al chino mientras pagás el yogur que te haga un descuento porque tenés 86 en Klout?

Estamos tan pendientes de nuestra vida online que no estamos plenamente en nuestras vidas verdaderas. Por eso tomamos fotos y videos de todo para compartirlo con ellos, los otros. Pero ¿para qué compartir esa puesta de sol que tanto te gustó? ¿A quién le importa tu sol?  La mitad que de los que te dieron sus “likes” creen que es una foto grasa. Adictos a Instagram usamos fotos filtradas de falso Ektachrome para hacer declaraciones con imágenes sobre lo felices que somos, lo felices que son todas las personas que nos rodean ¡Qué sabrosa es nuestra comida!  que lindos son nuestros hijos, sobrinos, vecinos, perros, gatos, hamsters ¡Cuánto valoramos esos pequeños momentos de la vida! (esos momentos que no estamos viviendo porque estamos fotografiándolos para compartir en Facebook).

Llegamos a hacer cosas insensatas por prosperar en la nube de intercambios, hasta ajustar nuestro lenguaje de forma inconsciente para hablar como lo hacen los demás. Usamos la lengua que usa la red. Alguien inventó los epígrafes por adición para sintetizar ocasiones, probablemente sea una táctica de escritura intrínseca a la brevedad de Twitter, y ahora abundan como una peste los epígrafes en fotos en Facebook y tweets, escritos así: A+B+C+D=Felicidad

¿Por qué ahora hablamos como pájaros?

Geolocalizamos nuestros arribos y partidas, guiñamos el ojo con Foursquare. Estamos tan locos que somos capaces de usar la latitud y la longitud para enviar metamensajes, cosas que hablan más de nosotros mismos que de los lugares de los que queremos indicar algo.

Andamos cabizbajos (yo ando cabizbajo). Caminamos sin mirar. Vamos por todos lados con el mentón sobre el pecho, parecemos apenados o arrepentidos pero estamos viendo la pantalla que sostenemos en la mano, vamos cuidando a nuestros dobles que solo existen en Facebook y en Twitter. En algún momento de los últimos 6 años nos volvimos nuestro propio Tamagotchi, una criatura artificial que si no lo cuidamos se muere.

En estos ejemplos de sometimiento cultural que podría seguir enumerando no hablo enteramente de mi o de vos -aunque en varios me siento reflejado- sino del conjunto que formamos. Nada es del todo malo, pero la expresión general que producimos no es estimulante. No estoy en contra de Google o de Facebook, simplemente creo que nos empequeñecemos si nos entregamos a su fluir.

Por eso a veces es bueno extraer información de Internet en lugar de solamente agregar. La sustracción es una especie de derecho de edición de la cultura del que no nos deberíamos privar nunca.

Tengo la idea que muy pronto prosperará entre algunos de nosotros una preferencia por la cultura offline. Imagino que habrá cada vez más actividades desconectadas en las que nadie tomará fotografías, ni videos, ni hará tweets, ni dejará ninguna clase de registro. Será mal visto,  como ahora pasa con los fumadores. Una parte del mundo quedará Off Google. El aislamiento y el secreto serán valorizados como en la mafia o en las sectas. Pero enseguida pierdo la ilusión.

Me gusta lo que hacen estos tibetanos que construyen sus mandalas gigantes con arena coloreada durante días, para después borrarlos.

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Un post perseverante

Buenos Aires, Jueves 1 agosto 2013

Hace una semana escribí un post que yo creía mantener como borrador, cuando en realidad había publicado por error. No me di cuenta hasta que apareció entre mis feeds, entonces lo puse en modo privado y me olvidé del tema. No quería publicarlo porque mientras lo escribía pensé que era contradictorio. Pero el asunto fue que a pesar de estar offline aparecieron unos tweets, y algunos amigos me mandaron emails preguntándome porqué lo había borrado. Justo un post que hablaba del acto de borrar y la vida offline insistía en permanecer!

Así que para corregir la versión preliminar de este post que se escapó en un RSS, y atender a su misteriosa vitalidad, ahora lo publico editado.

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Cukmi Offline

Cukmi: 14 de septiembre de 2010/ 31 de octubre de 2013

“Preferiría no hacerlo”
Bartleby. Herman Melville

Esta pequeña memoria SD contiene los 520 megabytes que constituyen la edición de Cukmi durante 3 años. En su interior hay guardados (en números redondos) más de 2.000 notas, 200 entrevistas, 4.000 encuestas, 10.000 links, 400 recetas, fotos, videos e ilustraciones, y la base de datos de todos los usuarios que interactuaron con comentarios o se suscribieron. En la era de los datos de tamaño galáctico todo esto es menos que un grano de arena.

Podía haber dejado que Cukmi quedara en un estado de vida asistida por respirador para ser consultado por algunas de las miles de visitas que recibía diariamente desde Google, pero ¿por qué hacer eso? ¿para qué? me gustó mucho más la idea de apagar Cukmi, de extraer de Internet todo el contenido y que todos los links que llegaran a Cukmi.com se encontraran con:

Si: ¡Vaya! ¡Google Chrome, no pudiste!  Cukmi no está más, está guardado en una caja.

A veces es bueno decir que no.

Vivimos un período insólito donde deseamos que toda la información este accesible siempre. Sin saber porqué, aspiramos a contribuir con nuestros datos a la vastedad de bits que se expande como una pudrición, y en esa actitud anhelante terminamos comportándonos como empleados de Google. Hacemos todo lo que nos pide para que nuestros bits prosperen, hasta escribimos y diseñamos nuestros sitios en función de ser hallados por Google (SEO), un sometimiento tan inevitable como inaceptable que empequeñece el lenguaje asimilándolo a una nomenclatura. ¿Querés que Google te encuentre mejor? Deberías…

Crear títulos únicos y descripciones pertinentes del contenido de cada página. Cada página es una tarjeta de presentación para el buscador. Los títulos y descripciones son puntos de partida para la identificación de los términos relevantes a lo largo de la web por los buscadores. Las mejores prácticas recomiendan escribir títulos de entre 60 y 70 caracteres.

No, Google. Cada página, cada foto, cada video, cada cosa en el mundo, no son una tarjeta de presentación para el buscador. Es extraño a donde llegamos, en lugar de que Google tenga que aprender cómo escribimos los humanos, nosotros tenemos que aprender como Google lee.

Voy a exagerar, pero creo que que somos la civilización más obediente de la historia. Sin discutir escribimos como nos dice Google. Y también, con la misma indolencia, obedecemos a Facebook. Facebook, que nos penaliza con su alcance (mostrar a más o menos gente lo que publicamos) si no actualizamos diariamente nuestros pensamientos. Es increíble, Facebook nos pregunta “¿Qué estás pensando?” ¡Y  le respondemos! Pero aún así nos penalizará si no lo hacemos todos los días o usamos una aplicación externa para publicar en sus páginas. La autocracia de Facebook nos rige con leyes que no podemos discutir, amenazándonos ante una transgresión con sus fallos inapelables. Facebook, que nos encierra en su sistema para usar sus algoritmos secretos que estudian desde nuestros rostros hasta nuestras relaciones para crear una taxonomía de 1000 millones de seres humanos como si fuesen bichos.

Estamos desorientados. Por eso obedecemos. Por ejemplo, aceptamos que Facebook use avisos engañosos con el rostro de nuestros amigos para confundirnos y, lo que es peor, que use nuestro propio rostro para engañar a nuestros amigos ¿o no es así? ¿no estamos aceptando esos usos delirantes de nuestra identidad? Nos parece normal que un “like” casual sea una autorización a poner nuestra propia cara para presentar lo que sea. Somos tan dóciles que en cuanto Facebook hace un cambio leemos las nuevas disposiciones para obedecerlas de inmediato.

Somos sumisos a todas las arbitrariedades que se nos imponen para existir en Internet, al punto someternos sin chistar con tal de incrementar nuestra vitalidad digital. Llegamos a tener una cuenta activa en Google+!!, esa especie de Disney World abandonado ; )) que se resiste a morir sostenido por la alimentación parental del dinero  infinito. Lo hacemos con el único objetivo de que nos optimice, o que no nos castigue con un algoritmo venenoso que nos haga en Internet menos aptos que los demás.

Para aumentar nuestra reputación digital aceptamos exponernos al ridículo en Twitter. Nos arriesgamos a decir frases que pueden dañarnos ahora o en el futuro, sin dudarlo. Es que queremos ascender al podio invisible de Klout sin saber para qué ¿Qué vas a hacer con esos puntos de reputación? ¿Vas a decirle al chino mientras pagás el yogur que te haga un descuento porque tenés 86 en Klout?

Estamos tan pendientes de nuestra vida online que no estamos plenamente en nuestras vidas verdaderas. Por eso tomamos fotos y videos de todo para compartirlo con ellos, los otros. Pero ¿para qué compartir esa puesta de sol que tanto te gustó? ¿A quién le importa tu sol?  La mitad que de los que te dieron sus “likes” creen que es una foto grasa. Adictos a Instagram usamos fotos filtradas de falso Ektachrome para hacer declaraciones con imágenes sobre lo felices que somos, lo felices que son todas las personas que nos rodean ¡Qué sabrosa es nuestra comida!  que lindos son nuestros hijos, sobrinos, vecinos, perros, gatos, hamsters ¡Cuánto valoramos esos pequeños momentos de la vida! (esos momentos que no estamos viviendo porque estamos fotografiándolos para compartir en Facebook).

Llegamos a hacer cosas insensatas por prosperar en la nube de intercambios, hasta ajustar nuestro lenguaje de forma inconsciente para hablar como lo hacen los demás. Usamos la lengua que usa la red. Alguien inventó los epígrafes por adición para sintetizar ocasiones, probablemente sea una táctica de escritura intrínseca a la brevedad de Twitter, y ahora abundan como una peste los epígrafes en fotos en Facebook y tweets, escritos así: A+B+C+D=Felicidad

¿Por qué ahora hablamos como pájaros?

Geolocalizamos nuestros arribos y partidas, guiñamos el ojo con Foursquare. Estamos tan locos que somos capaces de usar la latitud y la longitud para enviar metamensajes, cosas que hablan más de nosotros mismos que de los lugares de los que queremos indicar algo.

Andamos cabizbajos (yo ando cabizbajo). Caminamos sin mirar. Vamos por todos lados con el mentón sobre el pecho, parecemos apenados o arrepentidos pero estamos viendo la pantalla que sostenemos en la mano, vamos cuidando a nuestros dobles que solo existen en Facebook y en Twitter. En algún momento de los últimos 6 años nos volvimos nuestro propio Tamagotchi, una criatura artificial que si no lo cuidamos se muere.

En estos ejemplos de sometimiento cultural que podría seguir enumerando no hablo enteramente de mi o de vos -aunque en varios me siento reflejado- sino del conjunto que formamos. Nada es del todo malo, pero la expresión general que producimos no es estimulante. No estoy en contra de Google o de Facebook, simplemente creo que nos empequeñecemos si nos entregamos a su fluir.

Por eso a veces es bueno extraer información de Internet en lugar de solamente agregar. La sustracción es una especie de derecho de edición de la cultura del que no nos deberíamos privar nunca.

Tengo la idea que muy pronto prosperará entre algunos de nosotros una preferencia por la cultura offline. Imagino que habrá cada vez más actividades desconectadas en las que nadie tomará fotografías, ni videos, ni hará tweets, ni dejará ninguna clase de registro. Será mal visto,  como ahora pasa con los fumadores. Una parte del mundo quedará Off Google. El aislamiento y el secreto serán valorizados como en la mafia o en las sectas. Pero enseguida pierdo la ilusión.

Me gusta lo que hacen estos tibetanos que construyen sus mandalas gigantes con arena coloreada durante días, para después borrarlos.

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Asociaciones y magnetismo

Buenos Aires, Viernes 26 julio 2013

Guido Culasso Moore me envío a mi y a otros amigos esta imagen por email sin ninguna explicación, salvo que le gustaba. Es la foto de un imán negro en forma de cubo  rodeado de limadura de hierro que se eriza formando círculos concéntricos orientados en la dirección que les impone magnetismo.

Cuando vi la foto lo primero que pensé fue en La Meca:

Como puede verse, son iguales. Así que hace un rato hice uno de los actos más asombrosos que se pueden hacer desde un escritorio, aunque ya nadie se sorprende de ello. Arrastré la foto que me mandó Guido al buscador de imágenes de Google y esperé los resultados“Animal Magnesitm”en Wikipedia fue el primer artículo. El tercero trae un nombre Ahmed Mater. Él es el autor de la foto. Y de las que siguen:

Este artista árabe que nació en 1979, convirtió a un experimento escolar en a una obra de arte inquietante. Mater había visto un patrón con sus propios ojos (su hogar se encuentra cerca de La Meca) y dio con esta visión asombrosa en un cubo imantado.

En otro sitio encontré esta otra foto que aparece abajo. Un monolito rectangular al que asocié (supongo que fue la intensión del artista) con el de “2001 Odisea del Espacio”:

Entonces fui a Youtube y busqué videos de La Meca y el video de 2001, de la escena en la que encuentran el monolito en la Luna. El juego es así. Dale play a los dos videos, el de 2001 con audio, el de La Meca en silencio:

Pero esta asociación no me llevó a nada, salvo a una evocación terrorífica al ver timelapse. Pero miren a partir del 1:40 y verán a la limadura de hierro girando alrededor del imán

Las fotos de Mater y este post se tratan de lo mismo, las asociaciones. Al parecer hay un orden oculto que a veces se deja vislumbrar al unir cosas diversas. La mayor parte de las veces estas asociaciones no llevan a ningún lado. Son una pérdida de tiempo desalentador. Pero a veces, como logró Mater al mezclar un cubo imantado, hierro y La Meca, se encuentra una de las llaves del Secreto. Mater descubrió con sus fotos que la alquibla del hierro y de la oración se parecen. Nadie lo había notado hasta él.

 

 

 

 

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Rostros

Buenos Aires, Martes 4 junio 2013

“La muerte me desgasta, incesante”
Límites.JLB

No se nada de estas fotos. Las encontré rebotando de un sitio a otro. Estaban en este Tumblr en el que hay fotos antiguas rarísimas. Son retratos sobre el devastador efecto del tiempo. Pero si se las mira con atención, es posible ver cómo la identidad de esas personas se mantiene en sus ojos. Esas jóvenes personas están ahí adentro, en alguna parte.

Nota: A veces los gif se cuelgan. En ese caso tenés que recargar la página para verlos.

El joven de ojos claros.

El militar decidido

Tiene temor

Ella peinó su  cabello sensual

El que tenía rostro de escritor (y lo sigue teniendo)

Sonreía con miedo.

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Punta del Diablo según iPhone + Brushes

Buenos Aires, Jueves 21 marzo 2013

“Estoy siguiendo la Naturaleza sin poder entenderla”
Claude Monet

En plena era Instragram, cuando desde Facebook y Twitter me llueven fotos de atardeceres filtrados, playas solitarias enmarcadas con falsos bordes de negativos, cielos con rayaduras o salpicaduras digitales,  y donde abundan fotografías de alto contraste de cualquier cosa, desde una parrilla con chorizos hasta los pies de los fotógrafos;  decidí hacer menos fotos.

En mis últimas vacaciones en Punta del Diablo, Uruguay, preferí intentar pintar lo que veía usando mi iPhone y la aplicación de pintura Brushes.

Lo que publico acá son esas imágenes. Casi todas fueron hechas en unos 30 minutos y me obligaron a mirar con mucha atención las formas y los colores de las cosas. Concentrarme para hacer estas pinturas  me sirvió también para reconocer lo poco entrenado que estoy en mirar con atención una cosa cualquiera, la luz de la esquina, los troncos de los árboles, la sombras en las nubes, la penumbra, lo que sea. Pintar lo que se ve, sin ninguna pretensión u objetivo, aun en la pequeña pantalla de un teléfono usando la punta del dedo, implica mirar mucho, y pensar  bien qué están viendo los ojos.

Nuestro auto estacionado en la noche

La nueva versión de Brushes para iPhone permite distintas resoluciones en sus lienzos. 320 x 480 ó 640 x 960, ó lienzos más grandes aún, como iPad Retina de 2048 x 1536. Los de arriba fueron en un lienzo de 960 pixels. En todos los casos el mayor esfuerzo está puesto en captar la luz. Abajo aparece otra vez la misma esquina que encabeza este post, pero en este caso en una noche de luna llena que ilumina el mar. Esa cosa marrón con luces naranjas que se ve a la derecha, es un restaurante “boutique” que teníamos cruzando la esquina al que nunca fuimos.

Más efímera que la luz nocturna fueron las luces cambiante de los atardeceres. Solo pude intentarlo dos veces. La primera es esta mancha hecha en unos 10 minutos. Paré el auto y traté de cazarlo…

El segundo intento fue desde el jardín de la casa en un “shot” de unos 30 minutos mientras los chicos se bañaban. También mirando al horizonte hasta donde aparecían los pinos. Había un par de cabañas lejanas que no incluí porque hubiera necesitado más tiempo. Lo que importa acá, es que si entorno los ojos y miro los colores de la pantalla, se parecen mucho a los que vi ese día.

Hay que remarcar que con Brushes se pinta con el mismo procedimiento que se lleva a cabo con la pintura química o sólida (¿cómo habría que llamarla?), es decir, se pinta desde atrás hacia adelante, o sea desde el fondo hacia el frente, y desde lo oscuro a lo claro, lo que obliga a decidir de antemano cómo poner las capas de colores.

Puertas adentro

Hice algunas pinturas de objetos en el interior de la casa y elegí como modelos dos cosas endiabladas. Mis anteojos, algo que parece sencillo hasta que se lo intenta y se descrubren sus infinitos brillos, grises, volúmenes, transparencias (20 minutos)

El otro caso fue la inasible ensaladera de acero, con su millón de brillos, opacidades, reflejos. Un objeto maldito donde nunca se está seguro en qué lugar empieza y termina un color. Por eso los pintores en el renacimiento incluían metales en sus naturalezas muertas, era para exhibir hasta que punto eran diestros con la pintura. Mi intento culminó en el rotundo fracaso que aparece abajo:

Hasta la abstracción

Al final, tratando de pintar las luces y los colores tal cual los veía, me pasó que las ventanas iluminadas de la cabaña de enfrente se volvieron completamente abstractas. No es que estaba intentando hacer algo geométrico, son las ventanas!!  Ahí donde los demás verán colores sin sentido, rayas, manchas; yo veo claramente la casa de los vecinos brasileños .

Si tuviera tiempo, pintaría todos los días con mi iPhone. Es una excusa perfecta para mirar cualquier cosa con atención. Tal cual dice el lema de este sitio, al hacerlo el mundo se vuelve más interesante.

 

 

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Mi vida en panoramas

Buenos Aires, Domingo 16 diciembre 2012

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Los teléfonos iPhone 4s y 5 vienen con una aplicación propietaria para realizar panoramas. Ni los panoramas ni las aplicaciones para hacerlas con iPhone y otros teléfonos o cámaras son una novedad. Pero en estos días -después de recibir iPhone 5- me doy cuenta que si pueden llegar a serlo. La clave no es que hacen algo nuevo, sino su disponibilidad que permite hacer panoramas en cualquier circunstancia, incluso de aquellas cosas que no parecen un tema pertinente para un panorama (la fotografía panorámica parece inclinada hacia los paisajes, los grandes espacios, lo colosal, y no a la intimidad, lo cercano, el encierro).

Hacer panoramas con una cámara implica tener una cámara – y no andamos con cámaras de fotos todo el tiempo- y además, procesar después de alguna manera esas imágenes, ya sea con programas de “auto-stich” o con Photoshop.

Eso es algo que cambia con el software propietario, es posible hacer panoramas con la misma facilidad con que se hace una instantánea, pero lo que se obtiene es totalmente distinto.

El panorama que abre este post, por ejemplo, muestra una reunión de trabajo en Iconosur: Seis personas ensimismadas con sus computadoras se reparten en una mesa larga con cables que se orientan hacia un foso. Eso es lo que muestra. Pero además captura otra cosa, algo que no cabe en las fotos: el movimiento de los ojos del observador. Los panoramas se ven de la misma manera en que miramos. Tenemos que pasear por las caras y las cosas para comprenderlas. Ese itinerario nos devuelve una experiencia espacial que no existe en esta medida en una foto común.

EL TIEMPO

El panorama que sigue muestra un momento en el acto de egresado de mi hijo Tony, el 13 de diciembre de 2012. Los niños sentados en sus sillitas tienen una vela en la mano, una costumbre que las maestras deben haber aprendido mirando películas. La llama simboliza la luz del conocimiento que pasa con ellos de generación en generación. Así que para remarcar este efecto, las maestras apagaron la luz e hicieron que tomar una foto se volviera difícil. El ambiente luminoso quedó repentinamente en penumbras. El resultado de la foto es una imagen de baja calidad, con mucho “ruido” y bajo contraste. No tendría nada notable, salvo las tres barras que se ven en el centro:

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Resulta que mientras hacia el paneo para armar el panorama, otros padres dispararon sus cámaras de fotos con flash e iluminaron durante una fracción de tiempo -probablemente 100 veces más breve que un segundo- a todo el ambiente. Esas barras de flash en este caso sirven para ver la diferencia narrativa que existe entre una foto común y un panorama: este tipo de imágenes es cientos de veces más extenso en el tiempo que una foto. Queda probado que lo que capturan no es solamente una mayor cantidad de espacio, sino una mayor cantidad de tiempo.

ALMUERZO

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Roberto Guareschi, Alejandro Piscitelli, Arturo Chomyszyn, Jorge Grippo, Guido Culasso Moore y Marcos Amadeo, permanecen unos segundos quietos para la posteridad (Piscitelli se movió un poco y su rostro terminó distorsionado). La imagen logra mostrar algo rotativo que hace la vista durante un almuerzo entre varias personas. Nuestra mirada nunca está fija, salta inquieta de un rostro a las manos, a las copas, al otro rostro, al fondo…. En este panorama, al principio el espectador ve a todos como una línea recta. Pero luego, los ojos empiezan a ir y venir. Y entonces, las proporciones y las diagonales logran reconstruir la experiencia del espacio que había en ese lugar. No es como estar ahí, pero es bastante parecido a mirar como se miraba ahí.

ESPERA

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Cada mañana bajo con mi hijo Vicente a esperar el micro. Tengo decenas de fotos de ese momento aburrido. Pero el otro día hice este panorama. Ninguna de las otras fotos contiene todo lo que tiene esta. Vicente aguarda en la escalera mirando hacia afuera como en todas, pero acá se lo ve a él en contexto: el hall frío de la entrada, la luz blanca, la alfombra,  y finalmente algo que no se ve pero está, el tiempo.

TIME TRAVEL

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Sin iPhone 5 ; ), en 1992 hice esta foto “Hockney” en el “Barrilete” de la costanera. Mis hijos Joaquín y Martina están en el centro de un collage bastante grande armado con unas 46 fotos. La foto en sí no tiene ninguna pretensión artística. Cuando la hice solamente quería tener una imagen que capturara más espacio. Ahora está colgada en mi escritorio y de vez en cuando la miro con atención. Mis ojos se pasean sobre ella, van de un lado al otro y después vuelven a Joaco y a Martina. No se como, pero esa actividad ocular me ayuda a viajar hacia el pasado. Estoy más cerca, me sumerjo en aquel día.

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Acerca de Mirá!

Buenos Aires, Martes 15 mayo 2012

“Crea un sitio que exprese algo de ti que no
encaje en el molde disponible de una red social”
Jaron Lanier

Mirá!  no es un blog, lo fue en el pasado cuando empecé, pero ahora no lo es más. Es una publicación personal donde publico artículos, columnas, entrevistas, crónicas, fotografías e ilustraciones, o analizo casos, o explico proyectos en los que participo; sin tener que pasar para hacerlo por las consideraciones que son propias de los medios profesionales (oportunidad, actualidad, localidad, interés general, etc)

Es también, como dice Lanier en el acápite, una forma de expresión personal que no se adapta al formato que exigen las redes sociales, ni a la precaria -paupérrima-capacidad de edición de Facebook, ni a la escueta conversación de Twitter, ni a las distintas limitaciones que ordenan otras redes. Por eso rediseñé a Mirá! de una forma particular, con una foto monumental en el header  de algo que, visto con atención (es decir, mirado largamente y con curiosidad) se vuelve interesante. Los mismo hice con los rostros que aparecen en la columna de la derecha (visibles para resoluciones superiores a 1024). Son personas o personajes que me interesan por lo que hacen, por lo que hicieron, por las películas o series en las que participan, por sus libros, sus fotos, sus cuadros, sus valores, su creatividad, o porque simplemente me gustan. Y también, con igual interés expresivo, ahí publico los rostros de las personas que “No amo”  y a las que culpo de males colectivos, a las que disfruto publicar cabeza abajo, para que quede bien claro que no me gustan ni un poco.

Mirá! empezó en noviembre de 2004. Desde entonces publiqué más de 2.500 post.

El de la foto soy yo, me llamo Julián Gallo, vivo en Buenos Aires, estoy casado con Fernanda y tengo 6 hijos: Martina, Joaquín, Pedro, Vicente, Tony y Pilar; y tengo un nieto que se llama Simón.

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Agradecimientos permanentes:


Mirá!, a lo largo de tantos años, tiene que agradecer la colaboración directa e indirecta de muchas personas, la injusticia latente en todas las listas, se concentra hoy en las que siguen:

Guido Culasso Moore: Nos conocemos desde 1993 y es mi amigo. Guido es un genio, por lo tanto, un desequilibrado ; ) Muchas de las ideas de las que se hablaron en este blog en tantos años son el resultado de las extrañas conversaciones que tuve con él en nuestro trabajo, viajando, asistiendo a reuniones, comiendo o compartiendo observaciones inadecuadas, infrecuentes, peculiares, entusiastas y apocalípticas. El nombre de este blog recuerda el título de los emails que intercambiábamos en los principios de la web con nuestro hallazgos. “Mirá!”, era siempre un mail vacío que traía un link que había que observar con atención. Mi agradecimiento a la infinita curiosidad de Guido, la única persona en el mundo capaz de enviarme un SMS urgente en febrero de 2003  con el siguiente mensaje “Mirá el cielo ahora, está pasando la Estación Espacial!!!!” 

Marcelo Zanni: porque fue el primero en 2003 en alentarme a hacerlo, siempre aportó ideas, y además hizo grandes contribuciones en el diseño de la versión anterior. Pero además, fue Marcelo el que durante un largo período compartió con Mirá! muchos de sus hallazgos.

Natalia Garrido: Natalia es la esposa de Guido, así la conocí, y es una diseñadora excepcional. Hicimos varios trabajos juntos, y fue ella la que diseñó la versión anterior de Mirá!.

Lucas Llorente: Martín Marquez de Zauber un día de 2008 me dio una lista de diseñadores. Entre ellos estaba zetenta.com cuyo sitio no me gustaba nada. De todas maneras fui a conocerlos, me reuní con Lucas, su director. Desde entonces hicimos 1000 cosas juntos. Para esta nueva versión de Mirá! tuvo la generosidad de implementar todo el diseño y la programación. Va mi agradecimiento por el gran trabajo y por la paciencia que siempre tuvo conmigo. Una recomendación general: Si alguien busca una persona responsable, confíen en Lucas.

Federico Sanchez Tanda: Federico trabaja en zetenta.com  con Lucas, y tuvo a su cargo interpretar todos mis bocetos, y los bocetos de los bocetos, y los cambios de los bocetos de los bocetos,  para hacer este rediseño de Mirá!. Pero mi agradecimiento hacia Federico es hacia su persona, porque es cierto que es un gran profesional (Master total en Word Press!), pero lo que más valoro de él es su amabilidad y predisposición.

Roberto Guareschi: Roberto no tiene una relación con este sitio, pero su influencia sobre mi lo abarca. No puedo definir exactamente qué es lo que aprendimos Guido y yo de él,  pero estoy seguro que fue algo decisivo. Mi esposa dice que todos escribimos para alguien, pensando en la mirada de alguien. Yo creo que muchas de las cosas que escribo están pensadas para ser aprobadas por Roberto.

Carlos Vertanessian: Coleccionista, fotógrafo, fanático de las cámaras de fotos, emprendedor, intelectual de las imágenes. Cada post que se relaciona con fotografía en Mirá! proviene o fue inspirado por Carlos. Un día me regaló una cámara antológica, única, maravillosa; una Plaubel Makina (eso sí es un regalo! Gracias, Carlos). Pero al tiempo alguien me la robó de mi escritorio. No la tengo más. Si alguien necesita algo realmente extraño, una muestra imposible, coordinar la fabricación de una cosa en 7 países y saltear a Moreno, o el mejor precio para un Daguerrotipo paraguayo, lo que sea, llámenlo. Carlos es increíble.

Marquitos Amadeo: Tampoco tiene mucho que ver con Mirá! directamente, pero después de haber trabajado juntos algunos años mantengo una conversación mental con él que continúa acá. Siempre generoso comparte sus hallazgos. Esperemos que en esta nueva temporada también escriba acá.

Arturo Chomyszyn: El amigo que tiene los ojos cultos, que sabe de todo y vio todo y tiene opinión de todo. Nada de lo que hagas nunca le gustará del todo (es un maldito francés ; ) pero con Mirá! siempre tuvo buena onda, y hasta escribió algunas veces. Esperemos que escriba algunas veces, así podremos criticarlo a él ; )

Mariano Amartino: Hace mil años que no lo veo personalmente, pero lo veo sin parar peleándose por todos lados con sus miles de  enemigos virtuales. Ahora es una celebridad un blogstar!. Él es el padre de todos los blogs en Argentina, entonces lo es de Mirá!

Lalo Zanoni: Si la actitud de una persona  tuviera un equivalente en dólares (o sea, más actitud = más dólares) Lalo sería Slim. Siempre que se lo pedí me ayudó con Mirá!

 

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Photo Makeover

Buenos Aires, Miércoles 27 enero 2010

Hace dos años en la escuela de uno de mis hijos una madre le escribió el siguiente email a otra:

Hola (fulana), soy la mamá de (nombre de niñas). Te cuento que el día de la Primavera que todos los chicos (menos tu hija) fueron disfrazados, mi marido les sacó una foto para preparar los famosos portarretratos con imán. La foto, a su vez, la trucó y parece que están todos los chicos sentados delante de la casa de Monster House, y salió buenísima. Lástima que (tu hija) está con una cara de traste impresionante. Te quería pedir si tenés alguna foto de ella donde esté sonriendo, aunque esté con alguien, para poder trucar la foto grupal y meterle una sonrisita.

Si podés mandámela por mail.
Gracias

El asunto despertó el repudio de los padres de “la nena seria” y de nosotros (mi esposa y yo). “¿A quién se le puede ocurrir editar una foto tan documental como una foto infantil?!”.

Al poco tiempo pudimos descubrir que lo más raro del caso no había sido que una madre hubiera tenido esa estúpida idea, sino la reacción indiferente de la mayoría de los otros padres a los que la cosa les parecía completamente normal “¿Qué tiene de malo ponerle una sonrisita?”

En iTunes Store se anuncia el lanzamiento de una aplicación fotográfica llamada Photo Makeover a U$S 0,99. En el video de presentación de esta asombrosa aplicación se presenta con una estadística falsa que dice “El 68% de los chicos están dispuestos a sonreir para una foto familiar, Morgan no es una de ellas”. Morgan es la niña seria que es utilizada como ejemplo para demostrar las increíbles capacidades de retoque de Photo Makeover.

Personalmente me parece una aplicación perversa e inútil. Pero casi siempre estoy equivocado sobre los gustos de las mayorías. Así que puedo dar por seguro que Photo Makeover será un gran éxito. Al menos en la escuela de mi hijo.

Link Photo Makeover

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MMX

Buenos Aires, Miércoles 30 diciembre 2009

Las artistas Nicole Kenney (Brooklyn, NY) y ks rives (Chicago, IL) crearon un proyecto llamado “Before I die I want to…” (“Antes de morir quiero…”). Se trata de una colección de fotografías Polaroid donde los retratados escriben en pocas palabras algo que quisieran hacer antes de morir. Las dos artistas realizaron hasta el momento cientos de fotografías en Estados Unidos y la India y exponen esa galería de rostros con escuetos mensajes como parte de un ensayo sociológico y artístico.

Las afirmaciones que pueden leerse manuscritas en las Polaroids son en su mayoría una simple colección de deseos postergados o anhelos improbables. Pero cada rostros en esas fotos fuera de foco y descoloridas inexorablemente le devuelve la pregunta al espectador “¿Qué es lo que vos no querrías dejar de hacer antes de morir?”. Desde que visité el sitio me lo pregunto.

Números romanos
En un capítulo de los Simpson la maestra le advierte a Bart “Si no aprendes los números romanos nunca sabrás en que año fueron filmadas las películas”. Este año tiene un número romano visualmente hermoso. Parece un cromosoma o una clave. Se me ocurre al empezar el 2010 que el proyecto de las artistas norteamericanas sirve para pensar en una versión bonsai: “Antes del MMXI quiero…”

Yo no tengo una respuesta aun para estas preguntas tan incómodas. Mientras tanto te las traslado.

Muchas felicidades para todos!

Link: “Before I die I want to…”

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Hipstamatic: Tributo a la fotografía del pasado

Buenos Aires, Martes 15 diciembre 2009

iPhone es insuperable (al menos para la competencia). Si a su perfección además le sumamos la creatividad, ingenio y elegancia extrema de alguna de las aplicaciones disponibles, iPhone se transforma muchas veces en algo parecido a una obra de arte.

Todas las semanas salen nuevas aplicaciones para fotografía, así como para tantas otras cosas. Es frecuente que las aplicaciones fotográficas faciliten el acceso automático a filtros que simulan fotografías del pasado: Camerabag, RetroCamera, ShakeitPhoto, se encuentran en esa línea.

Recientemente apareció Hisptamatic, una aplicación extraordinaria que simula a las viejas cámaras de plástico de foco fijo. Como puede verse en el video de arriba Hipstamatic (U$S 1,99) permite elegir entre distintos lentes, flashes y películas (!) de la década del 70. El set original que trae aplicación tiene un solo tipo de película, un lente y un flash. Pero se puede ampliar cualquiera de las opciones pagando U$S 0,99 (es lo que cuestan cada film, lente o flash). Yo no pude resistir y me compré la película Kodak Verichome (!). Hisptamatic es sorprendente en todo sentido, pero especialmente cómo logra simular la experiencia fotográfica del pasado (sonido y visualización defectuosa) a la perfección. También el resultado fotográfico es un calco de la luz y contraste de las fotos realizadas entre 1960 y 1970 y pico.

En las dos fotos de mi hijo Vicente (arriba), pueden verse comparadas una foto con un lente John S, película Ina´s 1969 y flash Standard, y la otra, con un lente Jimmy, pelicula Ina´s 1969, sin flash.

Abajo publico otro ejemplo cambiando de película. Se trata de un retrato realizado con el lente John S, película Kodak Verichome y un Flash Standard.

Hipstamatic es una aplicación artística más que práctica. Su creador Richard Dorbowski es un genio que logró combinar la estética de las viejas fotografías, con el de la pasión por las viejas cámaras de plástico de lentes rudimentarios y visores defectuosos. Toda la aplicación es un homenaje a una fotografía que desapareció para siempre. Su autor nos ayuda a recordar a esas tecnologías al detalle, hasta el punto de incluir con humor y cariño el inconfundible sonido agudo que hacían los viejos flash al cargarse.

Hipstamatic sitio oficial
Hipstamatic historia

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