Un post insistente

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Buenos Aires, Viernes 8 noviembre 2013

Hace una semana escribí un post que yo creía mantener como borrador, cuando en realidad había publicado por error. No me di cuenta hasta que apareció entre mis feeds, entonces lo puse en modo privado y me olvidé del tema. No quería publicarlo porque mientras lo escribía pensé que era contradictorio. Pero el asunto fue que a pesar de estar offline aparecieron unos tweets, y algunos amigos me mandaron emails preguntándome porqué lo había borrado. Justo un post que hablaba del acto de borrar y la vida offline insistía en permanecer!

Así que para corregir la versión preliminar de este post que se escapó en un RSS, y atender a su misteriosa vitalidad, ahora lo publico editado.

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Cukmi Offline

Cukmi: 14 de septiembre de 2010/ 31 de octubre de 2013

“Preferiría no hacerlo”
Bartleby. Herman Melville

Esta pequeña memoria SD contiene los 520 megabytes que constituyen la edición de Cukmi durante 3 años. En su interior hay guardados (en números redondos) más de 2.000 notas, 200 entrevistas, 4.000 encuestas, 10.000 links, 400 recetas, fotos, videos e ilustraciones, y la base de datos de todos los usuarios que interactuaron con comentarios o se suscribieron. En la era de los datos de tamaño galáctico todo esto es menos que un grano de arena.

Podía haber dejado que Cukmi quedara en un estado de vida asistida por respirador para ser consultado por algunas de las miles de visitas que recibía diariamente desde Google, pero ¿por qué hacer eso? ¿para qué? me gustó mucho más la idea de apagar Cukmi, de extraer de Internet todo el contenido y que todos los links que llegaran a Cukmi.com se encontraran con:

Si: ¡Vaya! ¡Google Chrome, no pudiste!  Cukmi no está más, está guardado en una caja.

A veces es bueno decir que no.

Vivimos un período insólito donde deseamos que toda la información este accesible siempre. Sin saber porqué, aspiramos a contribuir con nuestros datos a la vastedad de bits que se expande como una pudrición, y en esa actitud anhelante terminamos comportándonos como empleados de Google. Hacemos todo lo que nos pide para que nuestros bits prosperen, hasta escribimos y diseñamos nuestros sitios en función de ser hallados por Google (SEO), un sometimiento tan inevitable como inaceptable que empequeñece el lenguaje asimilándolo a una nomenclatura. ¿Querés que Google te encuentre mejor? Deberías…

Crear títulos únicos y descripciones pertinentes del contenido de cada página. Cada página es una tarjeta de presentación para el buscador. Los títulos y descripciones son puntos de partida para la identificación de los términos relevantes a lo largo de la web por los buscadores. Las mejores prácticas recomiendan escribir títulos de entre 60 y 70 caracteres.

No, Google. Cada página, cada foto, cada video, cada cosa en el mundo, no son una tarjeta de presentación para el buscador. Es extraño a donde llegamos, en lugar de que Google tenga que aprender cómo escribimos los humanos, nosotros tenemos que aprender como Google lee.

Voy a exagerar, pero creo que que somos la civilización más obediente de la historia. Sin discutir escribimos como nos dice Google. Y también, con la misma indolencia, obedecemos a Facebook. Facebook, que nos penaliza con su alcance (mostrar a más o menos gente lo que publicamos) si no actualizamos diariamente nuestros pensamientos. Es increíble, Facebook nos pregunta “¿Qué estás pensando?” ¡Y  le respondemos! Pero aún así nos penalizará si no lo hacemos todos los días o usamos una aplicación externa para publicar en sus páginas. La autocracia de Facebook nos rige con leyes que no podemos discutir, amenazándonos ante una transgresión con sus fallos inapelables. Facebook, que nos encierra en su sistema para usar sus algoritmos secretos que estudian desde nuestros rostros hasta nuestras relaciones para crear una taxonomía de 1000 millones de seres humanos como si fuesen bichos.

Estamos desorientados. Por eso obedecemos. Por ejemplo, aceptamos que Facebook use avisos engañosos con el rostro de nuestros amigos para confundirnos y, lo que es peor, que use nuestro propio rostro para engañar a nuestros amigos ¿o no es así? ¿no estamos aceptando esos usos delirantes de nuestra identidad? Nos parece normal que un “like” casual sea una autorización a poner nuestra propia cara para presentar lo que sea. Somos tan dóciles que en cuanto Facebook hace un cambio leemos las nuevas disposiciones para obedecerlas de inmediato.

Somos sumisos a todas las arbitrariedades que se nos imponen para existir en Internet, al punto someternos sin chistar con tal de incrementar nuestra vitalidad digital. Llegamos a tener una cuenta activa en Google+!!, esa especie de Disney World abandonado ; )) que se resiste a morir sostenido por la alimentación parental del dinero  infinito. Lo hacemos con el único objetivo de que nos optimice, o que no nos castigue con un algoritmo venenoso que nos haga en Internet menos aptos que los demás.

Para aumentar nuestra reputación digital aceptamos exponernos al ridículo en Twitter. Nos arriesgamos a decir frases que pueden dañarnos ahora o en el futuro, sin dudarlo. Es que queremos ascender al podio invisible de Klout sin saber para qué ¿Qué vas a hacer con esos puntos de reputación? ¿Vas a decirle al chino mientras pagás el yogur que te haga un descuento porque tenés 86 en Klout?

Estamos tan pendientes de nuestra vida online que no estamos plenamente en nuestras vidas verdaderas. Por eso tomamos fotos y videos de todo para compartirlo con ellos, los otros. Pero ¿para qué compartir esa puesta de sol que tanto te gustó? ¿A quién le importa tu sol?  La mitad que de los que te dieron sus “likes” creen que es una foto grasa. Adictos a Instagram usamos fotos filtradas de falso Ektachrome para hacer declaraciones con imágenes sobre lo felices que somos, lo felices que son todas las personas que nos rodean ¡Qué sabrosa es nuestra comida!  que lindos son nuestros hijos, sobrinos, vecinos, perros, gatos, hamsters ¡Cuánto valoramos esos pequeños momentos de la vida! (esos momentos que no estamos viviendo porque estamos fotografiándolos para compartir en Facebook).

Llegamos a hacer cosas insensatas por prosperar en la nube de intercambios, hasta ajustar nuestro lenguaje de forma inconsciente para hablar como lo hacen los demás. Usamos la lengua que usa la red. Alguien inventó los epígrafes por adición para sintetizar ocasiones, probablemente sea una táctica de escritura intrínseca a la brevedad de Twitter, y ahora abundan como una peste los epígrafes en fotos en Facebook y tweets, escritos así: A+B+C+D=Felicidad

¿Por qué ahora hablamos como pájaros?

Geolocalizamos nuestros arribos y partidas, guiñamos el ojo con Foursquare. Estamos tan locos que somos capaces de usar la latitud y la longitud para enviar metamensajes, cosas que hablan más de nosotros mismos que de los lugares de los que queremos indicar algo.

Andamos cabizbajos (yo ando cabizbajo). Caminamos sin mirar. Vamos por todos lados con el mentón sobre el pecho, parecemos apenados o arrepentidos pero estamos viendo la pantalla que sostenemos en la mano, vamos cuidando a nuestros dobles que solo existen en Facebook y en Twitter. En algún momento de los últimos 6 años nos volvimos nuestro propio Tamagotchi, una criatura artificial que si no lo cuidamos se muere.

En estos ejemplos de sometimiento cultural que podría seguir enumerando no hablo enteramente de mi o de vos -aunque en varios me siento reflejado- sino del conjunto que formamos. Nada es del todo malo, pero la expresión general que producimos no es estimulante. No estoy en contra de Google o de Facebook, simplemente creo que nos empequeñecemos si nos entregamos a su fluir.

Por eso a veces es bueno extraer información de Internet en lugar de solamente agregar. La sustracción es una especie de derecho de edición de la cultura del que no nos deberíamos privar nunca.

Tengo la idea que muy pronto prosperará entre algunos de nosotros una preferencia por la cultura offline. Imagino que habrá cada vez más actividades desconectadas en las que nadie tomará fotografías, ni videos, ni hará tweets, ni dejará ninguna clase de registro. Será mal visto,  como ahora pasa con los fumadores. Una parte del mundo quedará Off Google. El aislamiento y el secreto serán valorizados como en la mafia o en las sectas. Pero enseguida pierdo la ilusión.

Me gusta lo que hacen estos tibetanos que construyen sus mandalas gigantes con arena coloreada durante días, para después borrarlos.

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El halo de la curiosidad

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Buenos Aires, Martes 29 octubre 2013

CUKMI SE DESPIDE. EDITORIAL FINAL
Texto originalmente publicado en Cukmi

“Hay un tiempo para cada cosa”
Eclesiastés 3:1

Por JULIAN GALLO

En la naturaleza la extinción de especies forma parte de la vitalidad del sistema. Por lo general no se lo interpreta así, se cree que la extinción es un fracaso, pero basta ver que fueron necesarias al menos dos gigantescas extinciones para que la vida humana tuviera una oportunidad, para pensarlo de otro modo. La extinción también significa entonces una buena noticia.

Ahora termina Cukmi, se extingue. Durante casi dos años pudimos hablar de comida de una manera original, no así en los últimos tiempos en que, como hacen todos los animales mientras agonizan, intentó evitar su desaparición. La palabra agonizar es muy descriptiva, viene del griego “agón”, que significa “lucha”. Agonizar significa luchar por la vida o luchar contra la muerte. En el caso de los seres vivos la agonía se manifiesta en la agitación desesperada, en Cukmi fue mucho menos grave, apenas nos pusimos a publicar recetas ; ) Pero antes de esa agonía, me refiero a los dos primeros años de Cukmi, estoy seguro que logramos observar y contar aspectos de la comida que eran inusuales en los medios. Por un rato pudimos llevar la conversación a un punto interesante, más de una vez logramos (y estoy convocando a Marcela Mazzei en esta frase) hablar de cosas que de verdad valía la pena saber.

Un sandwich escaneado por SCANWICHES.com

El lema de Cukmi fue “La comida es la segunda cosa más divertida del mundo”, pero después de casi 2000 notas publicadas me di cuenta que podría haber sido: “La comida es la segunda cosa más importante del mundo”. Todo se relaciona con la comida o todo puede ser observado desde ella, la odontología o la astronomía, el menú de los funerales, la vianda escolar, la aspiración a ser delgado, la medición de calorías, la organización de los feedlots, la insensata inclinación a fotografiar el almuerzo, el ingenuo interés por la comida orgánica de los hipsters, Monsanto, la faena Kosher, el Ramadán, los chupetes, amamantar, los infartos, la forma de los tenedores, los nombres manuscritos en los vasos de Starbucks, la tecnología de los supercongelados, sembrar peces, matar atunes, el hedor de la basura, el presupuesto de la familia, el grado de luminosidad de la heladera, la proliferación de ratas, la paradoja de la anorexia que solo existe donde abunda la comida, la disponibilidad infinita de golosinas, la ciencia del supermercado (supermarket psychology ) la preferencia masculina por cocinar con fuego, la preferencia femenina por hacerlo en el horno, el apetito nocturno por las sobras, la tanda de la TV poblada de alimentos, el alcoholismo, la novedosa piedad por los animales que se comen, Foodnetwork, Allrecipes, el precio de los huevos marrones… y sobre todo y ante todo, la guerra.

La guerra que se movió por el hambre pero que también utilizó al hambre. La guerra que convirtió a la carne de caballo en un tabú o que aceptó el canibalismo. Entre tantos otros, como siniestros recuerdos del uso de la comida como un arma (por su privación premeditada) evoquemos el horror del Holodomor, el genocidio ucraniano perpetrado por Stalin que mató de hambre a casi 10 millones de personas entre los años 1932 y 1933 (algunos investigadores estiman la cifra en 3 millones). Holodomor significa exactamente “matar de hambre”, usar el hambre como un hacha o una bomba. Nosotros no sabemos qué es el hambre. Vos que estás leyendo, como yo, apenas conocemos el ayuno del laboratorio. El filósofo e historiador italiano Paolo Rossi en su libro Comer, cita las dramáticas palabras del escritor ruso Vasili Grossman para entender en primera persona la dimensión atroz que puede alcanzar el hambre:

“Uno no logra pensar en otra cosa. El paladar es más grande que la cabeza, una cúpula alta, tan alta que penetra en el cráneo. Cuando el hambre se vuelve insoportable, el paladar tira, como si una piel fresca de una liebre estuviera puesta a secar detrás de la casa, tensa. Las mejillas se secan y se recubre de una pelusa pálida”.

La escultura de bronce de una niña desnutrida y adusta que atesora entre sus manos tres espigas de trigo, recibe a los visitantes en el Museo del Holodonor, en Kiev.

El Holodomor stalinista mató de hambre durante un año en Ucrania a casi 25.0000 personas por día. Los nazis mataron de hambre a 400.000 polacos encerrándolos en un perímetro de 14 km cuadrados en el llamado Gueto de Varsovia. Ninguno de los dos fueron casos aislados.

Por eso, hay que recordar siempre que la comida es poderosa. La comida contiene la energía de la vida que proviene del sol y pasa de un reino a otro, de un ser vivo a otro ser vivo. Es más importante que el petróleo y el oro. La comida nos salva y nos mata.

Sin saber y sin tiempo 

Conocimiento en red. Ilustración de la década 1950. Mujeres comparten conocimiento de repostería. La más joven observa y aprende. 

Si tuviera que elegir alguno de los tantos problemas que identificó Cukmi en su estela de notas, diría que, después del hambre, hay dos modernos que son de los más profundos y difíciles de resolver, pero de tan cotidianos parecen invisibles. Ambos aparecieron en un estudio sobre lo que comen los argentinos al que Cukmi tuvo acceso, pero sus resultados son un calco a los que se repiten en otras partes del mundo, como los que citó  Jamie Oliver en su inolvidable TED Talk: Ya no sabemos cocinar. Ese es el primer problema que hay que reconocer, la ignorancia que la mayoría de las personas tenemos sobre las comida y las técnicas para adquirir, almacenar, cocinar, conservar y reprocesar alimentos, es enorme. Las familias perdieron un saber ancestral y nada lo reemplazó. En la mayoría de los hogares conocen una pequeña variedad de alimentos y los combinan con precariedad infantil. Cocinar, el acto de preparar alimentos para extraer de ellos sus nutrientes y sabores al someterlos a algún tipo de cocción por fuego, frío, química o mecánica, es un conocimiento completamente abandonado por las mayorías, y lo que es peor, abandonado con desdén. Su lugar lo ocupó una rudimentaria actividad hogareña a la que llamamos cocinar, pero que en realidad debería denominarse ensamblar.

El puente de conocimiento que hay que recorrer para recuperar el saber de la cocina es enorme, probablemente infranqueable. No se trata de comprar un libro de recetas o hacer un curso. Porque las destrezas de la cocina empiezan en el mercado, en saber pensar un menú, en las habilidades logísticas que requiere la adquisición de alimentos, en el uso adecuado de los productos de estación, en la producción de variaciones infinitas sobre lo mismo, en la conservación, congelamiento, corte y la habilidad de elegir métodos de cocción diversos en cada ocasión. Y para alcanzar esos conocimientos se necesita mucha voluntad, mucho tiempo,  y personas que nos enseñen con dedicación. Esos maestros del pasado desaparecieron y ahora todos estamos obligados a ser autodidactas. En algún momento de las últimas cuatro o cinco décadas lo perdimos todo. Ahora hay que reinventar lo que ya estaba inventado, descubrir lo que ya sabíamos. No es fácil que eso vuelva a suceder.

Deficit de tiempo

Un mujer prepara la cena en 1942. Foto Shorpy (ver tamaño completo)

A lo largo de la historia de la humanidad, cocinar para la familia fue una tarea estrictamente femenina. Mark Bittman, columnista de The New York Times lo cuenta así:

En los años 50 la mayoría de los hogares venían equipados con un dispositivo que cocinaba, servía la comida y lavaba los platos, y al que generalmente llamábamos “mamá”.

Y sigue siendo así, exactamente así, y ese es el segundo gran problema, porque la vida de las mujeres no es la misma. En ese mismo estudio que cito más arriba sobre el comportamiento alimenticio de la población argentina demostraba que en el 95% de los hogares es la mujer la que está a cargo de la comida de la casa. Los hombres no cocinan nunca, no compran, no se ocupan de menús, no lavan. La excepción son algunas erráticas ocasiones, como por ejemplo cuando reciben invitados en la casa y hacen asado. Lo repito, las mujeres siguen estando tan solas frente a toda la tarea como la madre de Mark Bittman. Ese estudio mostraba que casi el 45% de estas mujeres desempeñaba tres roles:  Trabajaban fuera de la casa, estaban a cargo de sus hijos, y se ocupaban de todas las tareas del hogar. No hay manera de organizar tantas responsabilidades ni con un ingeniero a cargo. Si fuera una fábrica diríamos o que falta personal o que están explotando a los que tienen.

Entonces todo se entiende mejor, ensamblar comida no es una cuestión de pereza, sino que es la única respuesta posible al estado de enajenación que produce vivir en un permanente de deficit de tiempo. Las actividades requieren más horas que las disponibles por lo cual las tareas se hacen rápido (no hay otra forma) y mal. Sumemos a esta situación la ignorancia de la que hablaba antes y ahí tenemos la “tormenta perfecta”. Mujeres sin tiempo y sin conocimientos tratando de cocinar para toda la familia ¿Qué de bueno podemos esperar que salga de ahí? Carolyn Steel en su charla TED titulada “Cómo los alimentos le dieron forma a las ciudades”,  dice que la comida de un hogar requiere la dedicación exclusiva de alguno de sus miembros. Es cierto ¿pero cómo hacemos cuando ninguno de ellos tiene tiempo para hacerlo y los otros no participan? Por eso es indispensable que en las familias suceda un pacto que permita una verdadera revolución en la división de tareas, profunda, ecuánime y verdadera. En ese acuerdo hay una reparación más grande que cualquier ley que pueda votar un gobierno.

El cambio individual

No hay nada que esperar de afuera. No aparecerá ninguna solución mágica. No saldrá una aplicación para tu móvil que resuelva el problema. No llegará tu bisabuela a tu casa para enseñarte paso a paso cómo hacer las cosas, como probablemente sí hizo con tu abuela antes de que se empezara a romper la cadena de conocimiento. No habrá un curso cerca de tu hogar (y si lo hubiera no tendrías tiempo para hacerlo). No habrá un programa de televisión que te ayude, aunque eventualmente te puedan entusiasmar y eso ya es algo. No hay nada ni nadie más que vos mismo y tu familia que pueden cambiar esto, y el alcance de ese cambio culmina en el perímetro de tu casa. Hay que aceptarlo, incluso haciendo grandes progresos, el resultado será mínimo comparado con lo que sabían antes. ¡Pero será un gran primer paso! sobretodo si pudieras pasárselo a tus hijos e hijas para que ellos no tengan también que empezar desde cero. Si tuviera que sugerir cómo empezar, creo es posible encontrar las primeras pistas en el libro de Michael Pollan, “Saber comer”.

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Me despido

Cuando empecé con Cukmi no sabía nada sobre alimentos, tampoco me interesaba el tema, pero estaba seguro que si fijaba la atención se volvería interesante. Fue así, pero esta vez tuve una suerte extraordinaria. En los primeros días de Cukmi llegó a mis manos el libro “Bueno para comer” de Marvin Harris, que me acercó mi esposa con la inteligencia del rayo con que siempre me ayuda. Y eso cambió todo. Harris fue el “Santo patrono” de Cukmi y después de su descubrimiento siempre que pude sumé las ideas de otros antropólogos dedicados a los alimentos. Luego fue cuestión de ir siguiendo el hilo de los temas que se relacionaban unos a otros como si fueran recuerdos, llevándome por el largo y hermoso laberinto de la comida.

Pero ahora mismo estoy saliendo de ese mundo. Es más, es este mismo párrafo el me lleva al final del laberinto. Veo la luz del día. Todo lo desconocido se abre ante mi ¡Qué impresión! ¡Cuántas cosas nuevas que estoy obligado a descubrir! Y no se nada de ellas. Pero estoy sereno porque tengo en mi mano el pequeño legado que me dejó Cukmi. Al distraído puede parecerle que no es gran cosa, pero estoy seguro que cuando lo necesite me ayudará. Es el halo de la curiosidad. Su luz frágil me guiará a donde tenga que ir.

Saludos a todos,
Julián.

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AGRADECIMIENTOS

A Molinos Río de la Plata y a todas sus marcas que con su apoyo hicieron posible la realización de Cukmi. Bah! dicho así suena tan falso como agradecerla a la Cordillera de los Andes. Por eso quiero hacerlo en detalle y hablar de las personas que hacen e hicieron Molinos todos los días y que trabajaron con creatividad, dedicación y audacia en este proyecto inusual. Aunque se que en las corporaciones hay un estricto orden jerárquico para nombrar a cada uno, estimo que esta vez me van a dejar que lo haga a mi manera, como están en mi mente.

Mi agradecimiento a Cecilia Iglesias. 
Yo no sabía del todo lo que significaba la palabra mentor hasta que
Cecilia logró que Cukmi se hiciera real. Me demostró que ver algo es crear algo.
Siempre decidida, inteligente, honesta y nítida en sus ideas.
Ahora mi amiga.

A Luciana Etcheverry, Magdalena Tanoni y Verónica Zawadski
Cualquier cosa que hagas en la vida necesitará  de gente buena que te ayude, de un ángel de la guarda.
Cukmi tuvo a ellas tres cuidando con profesionalismo cada
detalle y sumando su entusiasmo. Siempre agradecido y en deuda.
Siempre amigos. 

A Fabio Palioff 
Nos conocimos poco, pero su visión fue decisiva.
Un “runner” que va más allá de todo, es una persona para confiar.

A Tatiana Aurich
Aun dudando, Tatiana fue siempre un gran apoyo.
Por eso ahora, mirándola hacia arriba, saludo a Tatiana  con mucha gratitud ; )

Amancio Oneto
The Number One. Fue un honor conocer a
este ejecutivo de clase mundial
 dirigiendo a este equipo de talentos.
Mi agradecimiento y respeto
.

A Matías Fernández
Por confiar en Cukmi 

A Macarena Figueroa y todo el equipo de
investigación de Molinos

A Luciano Pintos y Santiago Perez Salvo
Que tomaron los últimos tramos de Cukmi (su agonía).

A todos los ejecutivos de Molinos, de sus marcas, agencias, asesores, prensa, legales, que tuvieron la paciencia de asistir a las charlas de Cukmi o de escucharme,que ampliaron mi horizonte de información con sus conocimientos e ideas. Todos ellos amables, jóvenes, profesionales.

Y, si como dice Borges “en las listas solo se notan las ausencias”, en esta seguro que me olvidé de alguien.
Si te tocó a vos, perdoname.

STAFF

Quiero agradecerle a Marcela Mazzei por su trabajo, su talento, su responsabilidad.
Creo que en algún momento fuimos un team perfecto. Gran parte de Cukmi es de Marcela.

Mi agradecimiento a Alejandro Maglione por su entusiasmo con Cukmi y sus notas chispeantes. A Roberto Guareschi, Arturo Chom, Valeria Forster, Joaquín Gallo, Socorro Estrada, Taos Turner, Luciana Vázquez, Germán Gallo, Marcelo Panozzo, Leandro Caffarena, a Juan Aznarez y Planeta Joy. Quiero destacar my especialmente el honor de haber contado con la breve participación de Pedro Mairal como columnista. 

A Zetenta.com, a Lucas Llorente, Federico Sanchez Tanda, Mariano Pagella.
Confiables, profesionales y amigos de 100 proyectos. Cuánto de Cukmi es de ellos!!
Qué bien que trabajaron y qué buenas personas son. Gracias!!

A Carlitos Bacetti junto a quien empezó esto. Gracias Carlitos.

A Narda Lepes, siempre amable e inteligente

 A Gastón Roitberg y todo el equipo de editores de Lanacion.com.
A Ernesto Martelli del diario La Nación

A Florencia Ure de Editorial Sudamericana

A Julia & Dano ; )

A mis amigos Guido Culasso Moore y  Natalia Garrido que siempre me ayudan.

=

Y al final, quiero agradecer al núcleo de mi vida (en realidad la palabra no es agradecer, más bien sería invocar) :

A mi esposa Fernanda, que con su inteligencia de rayo y su corazón de oro (superpoderes  para un personaje de Marvel) me hace feliz.
A mis seis hijos -cada uno de estos nombres que siguen para ustedes son nombres y para mi son mundos- Martina, Joaquín, Pedro, Vicente, Antonio y Pilar.
A mi nieto Simón, otro mundo.

“¿Es que hay más?”
Emily Dickinson.

 

 

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¿Y si los K no eran tantos como creían ser?

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Buenos Aires, Miércoles 16 octubre 2013

Salomon Asch

Un cambio en los climas del corazón
vuelve seco lo húmedo (…)

Dylan Thomas

PUEDE ser que en los últimos años en algún momento hayas ido a una reunión con gente poco conocida donde empezaron a hablar de política y, en medio de la charla, aun sin serlo, dejaste que creyeran que simpatizabas con el kirchnerismo, o al menos no negaste simpatizar cuando tácitamente la conversación te hizo adherir (a mí me pasó). La acción de contradecir  a la mayoría te incomodaba. Y al parecer, por la vehemencia de los que hablaban, la mayoría era kirchnerista, y los otros que no hablaban también lo parecían, porque asentían (aunque vos también asentías y no eras kirchnerista). Pero igual pensaste que todos eran kirchneristas, los que hablaban y los que no hablaban. Te habrás preguntado en ese momento ¿para qué voy a andar diciendo acá lo que pienso, si total es lo mismo? Dependiendo de lo firme que fueran tus ideas, incluso es probable que hayas dudado de lo que pensabas y hasta transformado de verdad tus criterios para alinearlos a los de la mayoría.

En 1951 el psicólogo Salomon Asch ideó un experimento que demostró por qué muchos de nosotros en una reunión nos inclinamos  a repetir las cosas que dice la mayoría. Y si no estoy muy equivocado, el “experimento de conformidad de Asch” puede ayudar también a que podamos entender que la conducta silenciosa y aprobatoria que mantuvimos en reuniones con algunos kirchneristas persuasivos no tenía nada de peculiar, sino que era exactamente la esperable.

El experimento de Asch consiste en hacer creer a un sujeto que pasará junto a otros 9 voluntarios una prueba de agudeza visual. En la prueba se les muestran al grupo 18 pares de tarjetas. En unas tarjetas hay tres líneas de diferentes longitudes y en las otras una única línea. La prueba consiste en decir cuál de las tres líneas de la derecha es igual a la línea de la izquierda.

¿Cuál de las tres líneas mide lo mismo que la de la tarjeta de la izquierda? ¿La A, la B o la C?

La “C”, muy fácil. Pero en realidad esa no es la prueba. Lo que no sabe el voluntario es que los otros participantes son actores cómplices de la investigación y que lo que se está estudiado es su comportamiento frente a las respuestas equivocadas unánimes de la mayoría. En efecto, luego de las primeras dos tarjetas todos los cómplices elegirán de forma idéntica una opción equivocada, produciendo desorientación en el voluntario inocente: “¿Qué pasa? ¿Acaso no se dan cuenta de cuál es la línea correcta?”. Y acá viene la sorpresa. Aunque la opción que elige la mayoría es burdamente equivocada, algunos sujetos cambian su respuesta para hacerla coincidir con la de los demás. La primera versión del Experimento de Asch se hizo sobre 123 personas  y el resultado demostró que un 36,8% de  los voluntarios daban una o varias respuestas erróneas a propósito por efecto de la presión del entorno, es decir, por no querer contradecir a la mayoría. En entrevistas posteriores los participantes explicaron que lo hicieron por  el miedo al ridículo, o por otorgarle a la mayoría un conocimiento superior al propio.

El video muestra una de las versiones del experimento de Asch

En 1962 Salomon Asch creó una versión graciosa de su experimento para un programa de televisión de cámaras ocultas que muestra hasta qué punto somos susceptibles a los otros. En un ascensor, un grupo de actores ingresa y se coloca de espaldas a la puerta, al contrario de lo usual. El hombre desprevenido al que le están haciendo la cámara oculta mira al frente, pero al ver a los otros empieza a sentirse incómodo, al rato se voltea y termina mirando a la pared del fondo, como hacen todos:

Y si en el ascensor todos miran hacia la pared ¿seguirías mirando al frente?

VOLVIENDO A DECIDIR

En las últimas elecciones el kirchnerismo obtuvo a nivel nacional un magro 26%. Si se lo compara con las elecciones presidenciales del 2011, la pérdida de votos fue enorme. ¿Se achicaron o eso es lo máximo que puede medir el kirchnerismo y el resto fue solo el resultado del “efecto de conformidad” (los que asentían pero no eran)? En algunas versiones del experimento de Asch, cuando los actores cómplices no eran unánimes en las respuestas erradas (daban respuestas equivocadas, pero premeditadamente no las mismas), el sujeto inocente tendía a responder correctamente con más frecuencia, a decir lo que realmente pensaba. La unanimidad es un factor clave para doblegar la voluntad del investigado.

Algo pasó entre 2011 y agosto de 2013 que pudo haber diluido la “sensación de mayoría” kirchnerista abriendo la posibilidad de descreer de su unanimidad ¿fueron las masivas marchas espontáneas que hicieron visibles a los críticos desperdigados? ¿fueron las redes sociales y la suma de posts críticos en los que prosperan ideas distintas a las del oficialismo? ¿Fue el cansancio de una década? ¿Fueron los medios -como dice el gobierno- que ahora lograron alinear de forma inexplicable lo que antes no habían podido? ¿Cómo saberlo? Lo cierto es que algo impulsó a una parte de los electores a romper con la idea que ellos mismo tenían sobre dónde estaba la opinión de la mayoría y, liberados de la obligación del consenso, eligieron por su cuenta. Quienes eran kirchneristas por ahora siguen siéndolo, pero quienes no lo eran y sólo los preferían para no ser peculiares frente a los demás, de repente no los prefieren más. Falta saber si el magnetismo de la conformidad se puede recuperar o, por el contrario, una vez que se pierde es para siempre.

 

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El peligroso marketing de guerrilla de Greenpeace

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Buenos Aires, Sábado 5 octubre 2013

Greenpeace viene utilizando desde hace años distintas tácticas de marketing de guerrilla  para captar la atención de la opinión pública con extrarodinarios resultados. Se denominan marketing de guerrilla a acciones sorpresivas y altamente creativas que por su originalidad captan el interés de los medios y de las redes sociales alcanzando grandes niveles de atención con presupuesto muy bajos o nulos. Hace poco, por ejemplo, Greenpeace intervino el podio del Gran Premio de Formula 1 de Bélgica con dos banderas que aparecieron de forma subrepticia mientras se escuchaban el himno nacional del país. La situación que lograron, además de efectiva y muy graciosa, accidentalmente terminó produciendo dos denuncias a la vez. Por un lado una dirigida contra la petrolera Shell, a la que la organización acusa por sus operaciones en el Ártico, y por otro (y no menos grave), a la insólita censura ejercida por Youtube que eliminó el video de su plataforma:

Son innumerables las acciones creativas de Greenpeace.  En 2006 , por ejemplo, conmemorando a las víctimas de Chernobyl, activistas de la organización posaron como muertos en la Plaza Mayor de Madrid. En otra ocasión, sorprendieron a la opinión pública con una manifestación de personas disfrazadas de tigres frente a los locales de Kentucky Fried Chicken, acusada de comprar sus cajas de cartón a una compañía asiática aparentemente responsable de destruir los bosques de Sumatra donde habitan los tigres:

En el año 2010, en Nueva Zelanda, un grupo de Greenpeace alcanzó un gran impacto en los medios cuando muchos de sus miembros en protesta del mayor desastre ecológico producido por la Compañía petrolera BP, desfilaron por las calles con sus cuerpos cubiertos con una crema rojiza simulando petróleo:

El admirable ingenio de Greenpeace y sus colaboradores es tan grande como la efectividad de su comunicación. Pero la organización también tiene un controvertido lado temerario que atraviesa un límite incierto entre lo correcto y lo cuestionable. Sus famosas intervenciones marítimas contra barcos balleneros y plataformas petroleras, están en esa categoría. El video de abajo es elocuente sobre los riesgos a los que se exponen sus activistas para producir sus mensajes:

Son acciones espectaculares, épicas, emocionantes, pero muchas de ellas ilegales y potencialmente mortales. De continuar realizándolas en algún momento un miembro de Greenpeace sufrirá consecuencias permanentes o morirá. Entonces la estrategia de comunicación de GP deberá ser revisada por completo. Tal vez ese momento ya llegó. La acción negligente llevada a cabo en el Ártico sobre la plataforma petrolera de la empresa Gazprom que terminó con la detención de 30 miembros de Greenpeace entre los que se encuentran dos argentinos, podría ser el límite necesario para abandonar para siempre las prácticas que pongan en peligro la vida o la libertad de sus miembros. Greenpeace debería reflexionar sobre estos hechos y en adelante preferir la seguridad física y jurídica a cualquier efecto comunicacional. Ellos dicen hacerlo, pero esta vez fallaron escandalosamente. Camila Speziale de 21 años y Hernán Pérez Orsi, y otros 28 miembros de Greenpeace, fueron acusados oficialmente por la justicia rusa de efectuar actos de “piratería en banda organizada”, en una detención que incluyó disparos de armas de fuego. Si se los llega a condenar por esos cargos podrían permanecer hasta 15 años en prisión.

Una parte de la opinión pública toma con liviandad el futuro de estos detenidos. Están convencidos que las autoridades rusas cederán ante la presión internacional y a los numeroso pedidos de indulgencia. Anteponen en su razonamiento, como hace Greenpeace, el carácter genuino que tienen el reclamo por el medio ambiente y la metodología tradicionalmente pacífica de la organización. Pero ni las buenas causas ni la paz son una garantía en el mundo real para que los desenlaces sean felices. Los antecedentes de la terquedad rusa, capaz de hacer retroceder al mismo ejército de los EE.UU en Siria, y su imperturbable tenacidad, que soportó en el pasado el asedio de Napoleón y Hitler;  hacen sospechar que la situación de los detenidos en ese país es imprevisible. No hay ninguna garantía de que si la justicia rusa condena a los activista los pedidos de miles de personas, de Cristina Kirchner o del mismo Papa Francisco, logren cambiar la situación.

La estrategia de comunicación de Greenpeace  (y de eso se tratan estrictamente estas acciones) cometió un error irreparable resultado de su ingenuidad o de su arrogancia. Greenpeace no debe buscar héroes muertos o presos para comunicar sus justas causas, porque tarde o temprano los va a encontrar.

Link: Exigí que liberen a nuestros activistas Camila y Hernán.

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El Experimento de Milgram

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Buenos Aires, Martes 1 octubre 2013

En 1961 el psicólogo Stanley Milgran de la Universidad de Yale llevó a cabo un experimento que se hizo mundialmente famoso y que se utilizó posteriormente para realizar toda clase de interpretaciones sociales. En la prueba de Milgram se pretendió medir la disponibilidad que podían tener  personas comunes para obedecer órdenes aberrantes si estas eran suministradas por una autoridad creíble. Concretamente ¿serían capaces estos voluntarios inocentes de aplicar descargas eléctricas de 450 voltios a un sujeto desconocido si un investigador se los ordenaba? Años atrás, un documental de televisión repitió el experimento que muestra en detalle cómo se hizo la prueba y el inesperado comportamiento de los sujetos:

El experimento de Milgram se realizó luego con distintas variantes que demostraron que la obediencia de los participantes disminuía ante la proximidad física de las víctimas, como por ejemplo sostenerles el brazo  sobre la placa donde supuestamente se producían las descargas. En otras variantes la obediencia mermó cuando la autoridad se distanció del laboratorio dando las órdenes por teléfono. Al parecer, un grupo significativo de personas fueron sensibles a la reputación de la institución donde se realizaba el experimento, como habría demostrado una variante que se hizo fuera de la Universidad de Yale en unas oficinas comerciales modestas. Allí la obediencia de los voluntarios también disminuyó.

Video documental que registra alguna de las sesiones originales de Milgram.

El experimento de Milgram expuso en la década del 60 una conclusión inquietante, casi monstruosa: el 65% de las personas que pasaron por él se inclinó ante la autoridad y, aun contra sus instintos samaritanos, ejecutó órdenes inaceptables.

Pero hay algo más íntimo en esta prueba. Resulta perturbador ver el experimento y preguntarse ¿Hasta dónde habría llegado? ¿hasta el final? En cualquier caso, hay que entender que, meramente con empezar el experimento ya estarías castigando a un inocente simplemente porque te lo ordenó una autoridad convincente en un sistema de reputación adecuado.

 

 

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Cartografía exacta con tres palabras

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Buenos Aires, Miércoles 11 septiembre 2013

Wath3words es un ingenioso sitio que convierte cualquier punto del planeta en una coordenada que se puede nombrar con una combinación random de tres palabras. En el ejemplo de arriba las tres palabras para señalar la Pirámide de Mayo son versiones.digna.tener y la ubicación del obelisco es roto.asistí.suelto. ¿Para qué sirve? Para nombrar coordenadas exactas de tres metros de diámetros con lenguaje humano y no con números inmensos. Algo interesante. Es posible comprar por U$S 1,5 el nombre de una coordenada.

Link Wath3Words

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Buenos Aires, Viernes 23 agosto 2013

Todavía no se si es una buena o una mala noticia.  Facebook fue hasta ahora una plataforma codiciosa que tomaba todo de la web sin darle nada a cambio. Nada más antisocial que Facebook. Por lo tanto, esta nueva función que permite insertar posts en la web no surge de un repentino arranque de altruismo, sino de una estrategia expansiva. Veremos si la web puede sobrevivir al agente tóxico Facebook.

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Mashup: Tsunami + “Y la muerte no tendrá dominio”

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Buenos Aires, Miércoles 14 agosto 2013


(Play el video de la izquierda sin audio y el de la derecha con audio)

Imágenes del Tsumanmi del 11 de marzo de 2011 en Japón. Audio de Dylan Thomas leyendo su propio poema “And Death Shall Have No Dominion”

Y LA MUERTE NO TENDRÁ DOMINIO

Y la muerte no tendrá dominio.
Los hombres desnudos han de ser uno solo
con el hombre en el viento y la luna poniente;
cuando sus huesos queden limpios y los limpios huesos se dispersen,
ellos tendrán estrellas en el codo y el pie;
aunque se vuelvan locos serán cuerdos,
aunque se hundan en el mar de nuevo surgirán,
aunque se pierdan los amantes, no se perderá el amor;
y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando los nervios cedan,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallarán.
Y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Ya las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
su cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la muerte no tendrá dominio.

Dylan Thomas
……………………………………………………………
And Death Shall Have No Dominion

And death shall have no dominion.
Dead man naked they shall be one
With the man in the wind and the west moon;
When their bones are picked clean and the clean bones gone,
They shall have stars at elbow and foot;
Though they go mad they shall be sane,
Though they sink through the sea they shall rise again;
Though lovers be lost love shall not;
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.
Under the windings of the sea
They lying long shall not die windily;
Twisting on racks when sinews give way,
Strapped to a wheel, yet they shall not break;
Faith in their hands shall snap in two,
And the unicorn evils run them through;
Split all ends up they shan’t crack;
And death shall have no dominion.

And death shall have no dominion.
No more may gulls cry at their ears
Or waves break loud on the seashores;
Where blew a flower may a flower no more
Lift its head to the blows of the rain;
Though they be mad and dead as nails,
Heads of the characters hammer through daisies;
Break in the sun till the sun breaks down,
And death shall have no dominion.

Dylan Thomas

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Walt: “Yo soy Ozymandias, rey de reyes”

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Buenos Aires, Viernes 2 agosto 2013

En el enigmático Teaser de Breaking Bad se ve una serie de Timelapse del desierto, la casa de Walt, el laboratorio de Gus, la ciudad, y al final el sombrero de Heisenberg caído sobre la arena, mientras se escucha la voz del propio Walt recitando, casi murmurando, Ozymandias, el soneto de Percey Shelley dedicado a Ramses.

Si nunca hubiese visto Breaking Bad y de repente viera este Teaser, me daría cuenta que es algo colosal. Como lo es.

El poema en inglés y español (versión Wikipedia)

OZYMANDIAS
I met a traveller from an antique land
Who said: Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert. Near them, on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown,
And wrinkled lip, and sneer of cold command,
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them and the heart that fed:
And on the pedestal these words appear:
“My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye Mighty, and despair!”
Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare
The lone and level sands stretch far away

OZYMANDIAS
Conocí a un viajero de una tierra antigua
que dijo: «dos enormes piernas de piedra
se yerguen sin su tronco en el desierto;
junto a ellas, en la arena, semihundido
descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,
a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:
“Yo soy Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!”
No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden, a lo lejos, las solitarias y llanas arenas

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