
Roberto Cenderelli
HACE un par de semanas almorcé con Roberto Cenderelli, a quien no veía desde hacía más de dos años. Me une a él una respetuosa amistad. Roberto es una de las personas más creativas que conozco, además de tener una especie de sabiduría práctica sobre la vida que manifiesta en consejos sobre todos los temas. Roberto puede explicarte en una conversación cómo contratar un pintor, liderar un consorcio o hablar con tus hijos, y todo de forma consistente. Para quienes no lo conocen, y como mínima presentación, puedo decir que Cenderelli dirigió antológicos programas en la televisión como “El Prisma de la vida” y “Los Argentinos”. También, cuando fue director de América, innovó con audacia en casi todos los géneros, “Chá,chá,chá” y muchos otros programas de aquella época fueron sus descubrimientos. Se puede decir que los programas que dirigió se adelantaron en más de una década a su época, pero mucho mejor es decir que fueron excelentes.
Además de compartir muchos intereses, cuando me junto con Cenderelli, la fotografía, la preservación de las imágenes, el futuro más allá de la propia vida, el tiempo, terminan siendo los temas principales de nuestra conversación. Aunque estemos hablando de otra cosa en realidad parece que siempre estamos hablando sobre esos tópicos.
En el almuerzo que cuestión Roberto me contó sobre unos extraordinarios álbumes familiares que está realizando. Me mostró un tomo que acaba de retirar de esa colección, un libro con fotos de 20 x 25 centímetros con retratos de toda su familia en fotos maravillosas. Algunas de esas fotos tenían a un personaje en solitario, en otras estaban en grupo, mirando a cámara, como en las fotos de antes. Roberto tiene pensado guardar esos libros hasta que sus nietos sean mayores y regalárselos como el tesoro de la familia. Quiere crearles a sus nietos un gran impacto. Por eso, hasta entonces, no les dejará ver los libros.
Recuerdo

Victor Sueiro
En el mismo almuerzo, más adelante, seguimos conversando sobre el paso del tiempo. Entusiasmado con sus argumentos en un momento Cenderelli dio el siguiente ejemplo:
- “…Mirá a Victor Sueiro, se murió hace un mes y ya nadie habla de él. Tal vez hoy fuimos las únicas personas en el mundo que pensaron en él”.
No es que Roberto fuera amigo de Sueiro (ni siquiera creo que lo conociera), sino que usó el caso como un ejemplo cualquiera para demostrar que todos seremos olvidados. Yo quedé impactado con su frase, no por la afirmación que todos seremos olvidados, ni tampoco por Victor Sueiro, sino por creer que era cierta la posibilidad de haber sido ese día las únicas personas que pensamos en él, en todo el mundo.
Desde ese momento tengo una nueva responsabilidad en mi vida: pensar en Victor Sueiro al menos una vez al día. Quiero aclarar a esta altura que yo tampoco conocí a Sueiro, ni leí sus libros, ni me gustaban sus programas, a pesar de que me caía simpático (sobre todo después del aviso genial de Agulla “Qué Sueiro apague la luz”). Me siento responsable de pensar en él como alguien puede sentirse responsable de tener a un nene de la mano hasta que aparezca su madre. No es que quiera, es que no puedo abandonarlo!
Pinamar sin blog
Este post es el último hasta marzo. A partir de hoy mi familia y yo nos vamos de vacaciones hasta fin de febrero. Para mi las vacaciones son un ejercicio de aislamiento, algo así como un “Gran Hermano” pero entre nosotros. Entonces no voy a postear, ni chequear emails, ni nada. Serán algunas semanas para ir a la playa, jugar, leer algo, caminar, remontar barriletes (¿podremos colgar la cámara de Vicente?), cocinar asados mitad carnívoros y mitad vegetarianos (mis dos hijos mayores no comen carne), en fin, estar tranquilos. Por lo tanto jugaré al inmigrante y trataré de estar con la mente en blanco. Si no fuera por aquella intervención de Cenderelli lo lograría completamente, pero ahora tengo que pensar al menos una vez al día en Victor Sueiro, o siento culpa, y no es lo mismo.
Saludos a todos, y hasta la vuelta