Una sorpresa
El sargento regresa de la guerra y visita sin aviso la clase de su hija. La niña sorprendida, conmovida en cuerpo y alma, muestra cómo la felicidad también acecha.
El sargento regresa de la guerra y visita sin aviso la clase de su hija. La niña sorprendida, conmovida en cuerpo y alma, muestra cómo la felicidad también acecha.

Hoy murió Aníbal Ford. Era amigo de mi esposa, que fue su alumna y colaboradora. Lo vi cinco veces. Dos en su casa en el Delta, otra vez en una quinta, una en nuestra casa, y al final en la suya, cuando cumplió 70 años. Cuando lo conocí en el Tigre le pregunté por su viaje a Isla de los Estados, y durante dos horas contó el cruce al temible estrecho “Le Maire”. En otra ocasión me habló de un viaje rarísimo que hizo con su yerno por un río patagónico desde Los Andes hasta el mar. Sabía de mapas, de viajes, de montañas y de tango. Hablaba con orgullo de todos sus hijos y (en aquel momento) de un nieto sabio. Seguramente fue el hombre más parecido a Norman Mailer que vivió en Argentina. Murió de manera cruel. Ahogarse, caer, ser devorado por un animal, perderse en un volcán, es el tipo de muerte literaria que merece la gente como él.
De manera inexplicable por lo poco que lo conocí, me conmueve su muerte.
¡Qué alguien escriba un artículo como la gente sobre Aníbal Ford en Wikipedia!
Jerry Seinfeld realiza más de sus perspicaces observaciones, ahora sobre la tecnología. Acá se ocupa con precisión de los esclavos de Blackberry, y le basta un solo gesto para ridiculizar para siempre al iPhone.
Via eblog

“(…) Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen (…)”
Esperando a los bárbaros-Konstantinos Kavafis
EL 20 de julio de 1969 pude ver el primer alunizaje en directo, como lo hicieron otros millones de personas en el mundo. Yo tenía nueve años y hacía meses que me dedicaba a dibujar el “Módulo Lunar”, el “Eagle”, los trajes de los tres astronautas y toda clase de cosas relacionadas con el viaje a la Luna.
Fue una época rarísima para ser chico. Entonces era común que la televisión y las revistas hablaran de platos voladores. Casi no existían familias donde algún pariente no hubiese sido testigo de un Ovni. La televisión de los sábados pasaba siempre películas -que después se llamaron “Clase B”, pero que entonces eran simplemente las películas que veíamos los sábados- dedicadas a seres del espacio e invasiones planetarias. Entre otras, recuerdo como preferidas: “La invasión de los platillos voladores”, “La Guerra de los Mundos”, “The Thing” (original), “El día que paralizaron la Tierra”… Esas películas se mezclaban con la programación semanal que incluía capítulos de series como “Rumbo a lo desconocido”, “The Twinlight zone” (original), y “Los invasores”, donde a veces también aparecieran extraterrestres. A todos esos monstruos se le sumaban las figuritas “Marte ataca”. A muchos chicos de mi edad, esas historias nos confundían. Todo parecía tan real, tan próximo, que el contador Geiger -un instrumento propio de la guerra fría- era con tanta frecuencia usado en las películas para determinar la presencia de extraterrestres, que yo quería tener uno por las dudas.
La invasión de los platillos voladores (Earth Vs. The Flying Saucers)
Es por eso que en aquel domingo de invierno de 1969, sentado en la penumbra del dormitorio iluminado por el televisor blanco y negro, recuerdo haber tenido miedo y entusiasmo. Neil Amstrong al pisar la Luna confirmaba mi temor de que los extraterrestres entraran por el patio de casa. Empezaba a ser posible que llegaran los platos voladores a quedarse con la Tierra. Los mismos noticieros que contaban los acontecimientos de Cabo Kennedy –como el Reporte Esso y Mónica Mianovich- eran los que en algún momento habían contado sobre Ovnis en Texas o en Buenos Aires, y si esto que pasaba el 20 de julio en la televisión era cierto, los otros casos también podrían serlo. No puedo explicar porqué, pero eso me entusiasmaba.
Hoy, cuarenta años después, siento con nostalgia que ese acontecimiento fue el más extraordinario que viví en toda mi infancia. No por la hazaña de llegar a la Luna, sino por la proximidad que sentí aquella vez con los seres de otros mundos.
Pero nunca vinieron, como los barbaros de Kavafis.

POR mi edad -y por las dudas- un cardiólogo me prescribió hace unas semanas realizar un estudio del comportamiento de mi corazón durante 24 horas. Me colocaron un primitivo dispositivo “Holter” (Electrocardiograma Dinámico Ambulatorio) que permite registrar toda la actividad cardíaca y presentarla como un detallado panorama de datos asociado a las horas y a las actividades que describe el paciente. Hoy retiré los resultados que no presentan (según entiendo al leer el intrincado papel) ningún problema.
El informe consta de una pormenorizada planilla donde pueden leerse las frecuencias máximas y mínimas hora por hora. También, otros datos que yo no logro comprender. Al final, aparece la suma de latidos que tuve durante la prueba de todo un día. Un número exacto: 104.819 veces (con un promedio de 73 pulsaciones por minuto).
Gracias a Wolfram Alpha que hace fácil calcular todo, establecí los días que viví (arriba) por los latidos de este estudio. Este es el resultado:
En 49 años mi corazón latió hasta hoy un número muy aproximado a este: 1.903 millones, 617 mil y 859 veces. La cifra en la que nunca había pensado es astronómica. Al ver estos números recuerdo la metáfora -e ignoro quién fue el autor- que llama al corazón ” Mi reloj de sangre”, y pienso ¿Alguien tendrá una imagen mejor para hablar de esa cosa que se abre y se cierra tantas veces desde que existimos hasta que dejamos de hacerlo?

En las vísperas del año 1925, empleados de la oficina de la Western Electric Co. posan para una fotografía que recordará la fiesta de fin de año. Casi todas alegres, las 45 personas que aparecen en la foto hoy están estadísticamente muertas. Es imprescindible explorar la foto a 2400 pixels (acá) para entender los detalles y las historias que contienen los rostros y las actitudes que comentaré.
En la foto hay muchas cosas para ver atentamente: La mugre del piso donde están sentadas varias mujeres es una de ellas. Las ropas de oficina, el desplumado árbol de Navidad, el gorro de juguete del departamento de policía que lleva una empleada… La escena muestra sin dudas a trabajadores de distintas áreas que se han juntado un rato antes para saludarse y tomar esta foto. Han recibido regalos, tienen en las manos o cerca de ellos chucherías y dulces tradicionales con forma de bastón:

Viendo cada uno de los rostros -especialmente el de las mujeres- sorprende su vital actualidad. Casi todas parecen personas del presente. Eso no es común en las fotos antiguas. En general las personas allí aparecen como seres humanos de otra especie, distintos a nosotros, raros. En esta foto no es así. Por ejemplo, las cuatro mujeres en el detalle que sigue son mujeres de hoy.
¿Quién es quién en ésta foto? ¿Quién manda? Podemos acertar si decimos que el hombre arrogante que sostiene el puro es el jefe, el accionista o el presidente:
Hay mucho más detalle para ver. Cada uno hará su pesquisa. Pero nadie pasará por alto en la foto a una persona. La atención sobre ella no tiene que ver con la composición fotográfica:
En el ángulo inferior izquierdo una mujer aislada mira fuera de cuadro (la llamaremos “la mujer misteriosa”). Es difícil saber su edad, seguro que tiene más de 30 años. Sus grandes ojos claros habrán determinado una parte de su vida y de sus gestos. No tiene maquillaje. Su rostro además de bello parece perspicaz, rebelde, mejor que el resto ¿En la foto está triste u ofendida? La clave para entenderla parece estar en la mirada crítica de una persona:
Hace 83 años, la enojada compañera le clava sus ojos a la mujer misteriosa. Tiene un rictus inocultable de repudio contenido. Le reprocha algo, sin duda no es un rencor nuevo. Ambas han acumulado durante largo tiempo el odio que irrumpió antes del flash de la foto ¿Qué? Ambas se han visto obligadas a postergar la disputa. No hay espacio para discusiones, no es la ocasión para un escándalo, pero la posteridad de la foto retrata la indignación de una y la feroz indiferencia de la otra. (Sin razón, sin argumento, creo que todos estamos del lado de una de ellas).
Entre los innumerables seres que vivieron, este post hoy está dedicado especialmente a la mujer misteriosa que no pudo sobreponerse y recibió aquel nuevo año sin alegría.
¡Feliz 2009 para todos!
(¡Feliz 1925 para la mujer misteriosa!)
Nota: La foto fue publicada por Shorpy, un blog extraordinario que publica cada día fotos antiguas, cada una de ella más misteriosa, enigmática y triste.
En el reciente libro de Tim Harford titulado en inglés “The logic of life” y en español “La lógica oculta de la vida” (?), el economista dedica un capítulo entero a demostrar cómo la inteligencia prospera en las grandes ciudades mucho mejor que en las pequeñas o en los pueblos. Las grandes ciudades producen -según los estudios presentados por Harford- un efecto de contagio “Cuando las personas están en las ciudades se vuelven más inteligentes rápidamente porque están aprendiendo de los demás”. Las ideas prosperan mejor en la cercanía de otras personas que tienen ideas. Para ilustrar esta afirmación Harford trae un famoso estudio de tres economistas (Jaffe, Trajrenber y Henderson) quienes analizaron la relación entre las patentes registradas y los lugares donde se originaron las ideas:
“Al estudiar los archivos oficiales de la Oficina de Patentes, descubrieron que la probabilidad de que las patentes que citaban un invento anterior se originaran en la misma ciudad que la patente matriz era entre dos y seis veces mayor de lo que cabría esperar, pese a que las ideas se difunden fácilmente por el mundo (…)
En definitiva, estar cerca de personas que tienen ideas resulta fundamental para aprender. En las ciudades hay más gente con ideas que en los pueblos y por eso funcionan mejor como una universidad abierta.
Hay muchas maneras de conocer gente inteligente para aprender de ellos. Una maneras es asistir a conferencias, que suceden -las conferencias- con mucho mayor frecuencia en las grandes ciudades que en los pueblos. Entre las conferencias asombrosas de la historia se pueden destacar, por ejemplo, las “Siete Noches” en las que Borges habló en 1977 desde el Teatro Coliseo, en Buenos Aires. Borges dedicó cada noche a un tema: “La Divina Comedia”, “La pesadilla”, “Las mil y una noches”, “El budismo”, La poesía”, “La cábala” y “La ceguera”. En Youtube -que rescata joyas del mundo- hay fragmentos de esas conferencias publicadas. La que sigue es sobre “La ceguera”.(Recuérdese todo el tiempo que se está viendo a un hombre que no lee y que no es asistido por ninguna otra cosa que no sea su propia mente):
Atletas mentales
Recibí una invitación genial para asistir y comentar ExpoManagement 2008 (27 y 28 de octubre). El regalo es algo así como recibir una platea para ver una final deportiva (una entrada cara y difícil). Este año vienen algunos destacados deportistas de las ideas a hablar en Buenos Aires, lo que los convierte por un rato en vecinos de la ciudad, entre ellos: Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía), Muchael Porter, Jimmy Wales (creador de Wikipedia), Terry Jones (fundador de travelocity), Muhammad Yunus (Premio Nobel de la Paz), Fernando Parrado.
Espero poder aprender algo bueno y comentarlo acá.
Mis hijos Tony y Vicente dan una vuelta en calesita que dura 2:53, en este video que dura 2:53
El gnomon es el apéndice que en los relojes de sol proyecta la sombra. En esos instrumentos el tiempo es algo que está afuera, el objeto lo busca de la misma forma que la veleta busca al viento. Por el contrario, los relojes mecánicos tienen el tiempo en su interior, dependen de sus propios engranajes, en cierto sentido el tiempo sale desde adentro de ellos.
La tajante clasificación que se puede usar para dividir a los instrumentos que miden el tiempo (los que lo buscan y los que lo poseen) se me ocurre que es parecida con las dos formas posibles de la muerte: También se puede morir desde afuera hacia adentro (un accidente por ejemplo) o, con más frecuencia según los hospitales, desde adentro hacia afuera.
Esta introducción que mezcla una vuelta en calesita en tiempo real, las clasificaciones de los relojes y las dos direcciones de la muerte, simplemente trata de recordarme que el tiempo es algo severo y real.
El tiempo es dinero
Una combinación de tareas familiares e inifinidad de laborales me llevó en las últimas semanas a una condición desconocida: Tengo muchas más cosas para hacer que tiempo disponible. Si estuviera hablando de dinero y no de tiempo tendría que decir que estoy entre la “Suspensión de pagos” y la “Quiebra”.
Dice Wikipedia: “Suspensión de pagos” (Default)
Se denomina suspensión de pagos a la situación concursal en la cual un comerciante o una sociedad mercantil se encuentra cuando no puede pagar la totalidad de las deudas que tiene con sus acreedores por falta de líquido, o dinero en efectivo. Es un procedimiento que tiene por objeto llegar a un acuerdo entre el deudor y los acreedores, bajo supervisión judicial, sobre el modo en que se pagará.
La suspensión de pagos tiene esperanza de solución, la “Quiebra”, no:
Una quiebra o bancarrota es una situación jurídica en la que una persona (persona física), empresa o institución (personas jurídicas) no puede hacer frente a los pagos que debe realizar (pasivo exigible), porque éstos son superiores a sus recursos económicos disponibles (activos).

Extrañas formas de medir el tiempo:Reloj de cerveza de Anab Jain
Luego de casi cuatro años escribiendo casi todos los días este blog, ahora descubro que entré en un grave “Default” (espero que no en una quiebra). Por ahora no puedo escribir. Ni esforzándome. Una anécdota sirve de ejemplo para entender el extremo de mis deudas: Casi todos los emails que respondo después de las 18:00 están escritos en minúsculas porque los tipeo con una sola mano (en la otra, alternativamente están Tony o Pilar).
Dominado por los acontecimientos, el tiempo para mi (nosotros) ahora es igual que para el Gnomon, es eso que está afuera girando y que solo puedo seguir como un galgo que corre.

Detalle del gráfico de Statcounter de los días en los que Mirá! estuvo offline
Mirá! sufrió en la última semana una caída inexplicable que me obligó a migrar a otro servidor. Mi amigo Marcelo Zanni con gran generosidad hizo todo el trabajo (además de instalarme la última versión de WordPress). Espero ahora que este blog sea más estable y veloz que antes.
Gracias a Chelo Zanni!!. Y también gracias a mi hermano Juan que me ayudó con nic.ar
2001 según Radio Head
La órbita que usan los satélites geoestacionarios lleva su nombre porque él la imaginó. Escribió más de 100 libros. Stanley Kubrick lo hizo famoso adaptando “2001 Odisea del espacio”. En esa obra, sin exagerar, predijo en HAL a todas las computadoras, y en Dave -su protagonista- a todos nosotros.
Link Arthur C. Clarke, Premier Science Fiction Writer, Dies at 90
Link Las voces de HAL