Una sorpresa

Buenos Aires, Miércoles 2 diciembre 2009

El sargento regresa de la guerra y visita sin aviso la clase de su hija. La niña sorprendida, conmovida en cuerpo y alma, muestra cómo la felicidad también acecha.

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Aníbal Ford: Cartógrafo

Buenos Aires, Viernes 6 noviembre 2009

Hoy murió Aníbal Ford. Era amigo de mi esposa, que fue su alumna y colaboradora. Lo vi cinco veces. Dos en su casa en el Delta, otra vez en una quinta, una en nuestra casa, y al final en la suya, cuando cumplió 70 años. Cuando lo conocí en el Tigre le pregunté por su viaje a Isla de los Estados, y durante dos horas contó el cruce al temible estrecho “Le Maire”. En otra ocasión me habló de un viaje rarísimo que hizo con su yerno por un río patagónico desde Los Andes hasta el mar. Sabía de mapas, de viajes, de montañas y de tango. Hablaba con orgullo de todos sus hijos y (en aquel momento) de un nieto sabio. Seguramente fue el hombre más parecido a Norman Mailer que vivió en Argentina. Murió de manera cruel. Ahogarse, caer, ser devorado por un animal, perderse en un volcán, es el tipo de muerte literaria que merece la gente como él.

De manera inexplicable por lo poco que lo conocí, me conmueve su muerte.

¡Qué alguien escriba un artículo como la gente sobre Aníbal Ford en Wikipedia!

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Marte ataca en la Luna

Buenos Aires, Lunes 20 julio 2009



“(…) Porque se hizo de noche y los bárbaros no llegaron.
Algunos han venido de las fronteras
y contado que los bárbaros no existen (…)”

Esperando a los bárbaros-Konstantinos Kavafis

EL 20 de julio de 1969 pude ver el primer alunizaje en directo, como lo hicieron otros millones de personas en el mundo. Yo tenía nueve años y hacía meses que me dedicaba a dibujar el “Módulo Lunar”, el “Eagle”, los trajes de los tres astronautas y toda clase de cosas relacionadas con el viaje a la Luna.

Fue una época rarísima para ser chico. Entonces era común que la televisión y las revistas hablaran de platos voladores. Casi no existían familias donde algún pariente no hubiese sido testigo de un Ovni. La televisión de los sábados pasaba siempre películas -que después se llamaron “Clase B”, pero que entonces eran simplemente las películas que veíamos los sábados- dedicadas a seres del espacio e invasiones planetarias. Entre otras, recuerdo como preferidas: “La invasión de los platillos voladores”, “La Guerra de los Mundos”, “The Thing” (original), “El día que paralizaron la Tierra”… Esas películas se mezclaban con la programación semanal que incluía capítulos de series como “Rumbo a lo desconocido”, “The Twinlight zone” (original), y “Los invasores”, donde a veces también aparecieran extraterrestres. A todos esos monstruos se le sumaban las figuritas “Marte ataca”. A muchos chicos de mi edad, esas historias nos confundían. Todo parecía tan real, tan próximo, que el contador Geiger -un instrumento propio de la guerra fría- era con tanta frecuencia usado en las películas para determinar la presencia de extraterrestres, que yo quería tener uno por las dudas.


La invasión de los platillos voladores (Earth Vs. The Flying Saucers)

Es por eso que en aquel domingo de invierno de 1969, sentado en la penumbra del dormitorio iluminado por el televisor blanco y negro, recuerdo haber tenido miedo y entusiasmo. Neil Amstrong al pisar la Luna confirmaba mi temor de que los extraterrestres entraran por el patio de casa. Empezaba a ser posible que llegaran los platos voladores a quedarse con la Tierra. Los mismos noticieros que contaban los acontecimientos de Cabo Kennedy –como el Reporte Esso y Mónica Mianovich- eran los que en algún momento habían contado sobre Ovnis en Texas o en Buenos Aires, y si esto que pasaba el 20 de julio en la televisión era cierto, los otros casos también podrían serlo. No puedo explicar porqué, pero eso me entusiasmaba.

Hoy, cuarenta años después, siento con nostalgia que ese acontecimiento fue el más extraordinario que viví en toda mi infancia. No por la hazaña de llegar a la Luna, sino por la proximidad que sentí aquella vez con los seres de otros mundos.

Pero nunca vinieron, como los barbaros de Kavafis.

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Mi reloj

Buenos Aires, Lunes 22 junio 2009

POR mi edad -y por las dudas- un cardiólogo me prescribió hace unas semanas realizar un estudio del comportamiento de mi corazón durante 24 horas. Me colocaron un primitivo dispositivo “Holter” (Electrocardiograma Dinámico Ambulatorio) que permite registrar toda la actividad cardíaca y presentarla como un detallado panorama de datos asociado a las horas y a las actividades que describe el paciente. Hoy retiré los resultados que no presentan (según entiendo al leer el intrincado papel) ningún problema.

El informe consta de una pormenorizada planilla donde pueden leerse las frecuencias máximas y mínimas hora por hora. También, otros datos que yo no logro comprender. Al final, aparece la suma de latidos que tuve durante la prueba de todo un día. Un número exacto: 104.819 veces (con un promedio de 73 pulsaciones por minuto).

Gracias a Wolfram Alpha que hace fácil calcular todo, establecí los días que viví (arriba) por los latidos de este estudio. Este es el resultado:

En 49 años mi corazón latió hasta hoy un número muy aproximado a este: 1.903 millones, 617 mil y 859 veces. La cifra en la que nunca había pensado es astronómica. Al ver estos números recuerdo la metáfora -e ignoro quién fue el autor- que llama al corazón ” Mi reloj de sangre”, y pienso ¿Alguien tendrá una imagen mejor para hablar de esa cosa que se abre y se cierra tantas veces desde que existimos hasta que dejamos de hacerlo?

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¡Feliz 2009! ¡Feliz 1925!

Buenos Aires, Lunes 29 diciembre 2008

En las vísperas del año 1925, empleados de la oficina de la Western Electric Co. posan para una fotografía que recordará la fiesta de fin de año. Casi todas alegres, las 45 personas que aparecen en la foto hoy están estadísticamente muertas. Es imprescindible explorar la foto a 2400 pixels (acá) para entender los detalles y las historias que contienen los rostros y las actitudes que comentaré.

En la foto hay muchas cosas para ver atentamente: La mugre del piso donde están sentadas varias mujeres es una de ellas. Las ropas de oficina, el desplumado árbol de Navidad, el gorro de juguete del departamento de policía que lleva una empleada… La escena muestra sin dudas a trabajadores de distintas áreas que se han juntado un rato antes para saludarse y tomar esta foto. Han recibido regalos, tienen en las manos o cerca de ellos chucherías y dulces tradicionales con forma de bastón:

Viendo cada uno de los rostros -especialmente el de las mujeres- sorprende su vital actualidad. Casi todas parecen personas del presente. Eso no es común en las fotos antiguas. En general las personas allí aparecen como seres humanos de otra especie, distintos a nosotros, raros. En esta foto no es así. Por ejemplo, las cuatro mujeres en el detalle que sigue son mujeres de hoy.

¿Quién es quién en ésta foto? ¿Quién manda? Podemos acertar si decimos que el hombre arrogante que sostiene el puro es el jefe, el accionista o el presidente:

Hay mucho más detalle para ver. Cada uno hará su pesquisa. Pero nadie pasará por alto en la foto a una persona. La atención sobre ella no tiene que ver con la composición fotográfica:

En el ángulo inferior izquierdo una mujer aislada mira fuera de cuadro (la llamaremos “la mujer misteriosa”). Es difícil saber su edad, seguro que tiene más de 30 años. Sus grandes ojos claros habrán determinado una parte de su vida y de sus gestos. No tiene maquillaje. Su rostro además de bello parece perspicaz, rebelde, mejor que el resto ¿En la foto está triste u ofendida? La clave para entenderla parece estar en la mirada crítica de una persona:

Hace 83 años, la enojada compañera le clava sus ojos a la mujer misteriosa. Tiene un rictus inocultable de repudio contenido. Le reprocha algo, sin duda no es un rencor nuevo. Ambas han acumulado durante largo tiempo el odio que irrumpió antes del flash de la foto ¿Qué? Ambas se han visto obligadas a postergar la disputa. No hay espacio para discusiones, no es la ocasión para un escándalo, pero la posteridad de la foto retrata la indignación de una y la feroz indiferencia de la otra. (Sin razón, sin argumento, creo que todos estamos del lado de una de ellas).

Entre los innumerables seres que vivieron, este post hoy está dedicado especialmente a la mujer misteriosa que no pudo sobreponerse y recibió aquel nuevo año sin alegría.

¡Feliz 2009 para todos!
(¡Feliz 1925 para la mujer misteriosa!)

Nota: La foto fue publicada por Shorpy, un blog extraordinario que publica cada día fotos antiguas, cada una de ella más misteriosa, enigmática y triste.


Foto tamaño completo

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ExpoManagement: Atletas mentales

Buenos Aires, Martes 14 octubre 2008

En el reciente libro de Tim Harford titulado en inglés “The logic of life” y en español “La lógica oculta de la vida” (?), el economista dedica un capítulo entero a demostrar cómo la inteligencia prospera en las grandes ciudades mucho mejor que en las pequeñas o en los pueblos. Las grandes ciudades producen -según los estudios presentados por Harford- un efecto de contagio “Cuando las personas están en las ciudades se vuelven más inteligentes rápidamente porque están aprendiendo de los demás”. Las ideas prosperan mejor en la cercanía de otras personas que tienen ideas. Para ilustrar esta afirmación Harford trae un famoso estudio de tres economistas (Jaffe, Trajrenber y Henderson) quienes analizaron la relación entre las patentes registradas y los lugares donde se originaron las ideas:

“Al estudiar los archivos oficiales de la Oficina de Patentes, descubrieron que la probabilidad de que las patentes que citaban un invento anterior se originaran en la misma ciudad que la patente matriz era entre dos y seis veces mayor de lo que cabría esperar, pese a que las ideas se difunden fácilmente por el mundo (…)

En definitiva, estar cerca de personas que tienen ideas resulta fundamental para aprender. En las ciudades hay más gente con ideas que en los pueblos y por eso funcionan mejor como una universidad abierta.

Hay muchas maneras de conocer gente inteligente para aprender de ellos. Una maneras es asistir a conferencias, que suceden -las conferencias- con mucho mayor frecuencia en las grandes ciudades que en los pueblos. Entre las conferencias asombrosas de la historia se pueden destacar, por ejemplo, las “Siete Noches” en las que Borges habló en 1977 desde el Teatro Coliseo, en Buenos Aires. Borges dedicó cada noche a un tema: “La Divina Comedia”, “La pesadilla”, “Las mil y una noches”, “El budismo”, La poesía”, “La cábala” y “La ceguera”. En Youtube -que rescata joyas del mundo- hay fragmentos de esas conferencias publicadas. La que sigue es sobre “La ceguera”.(Recuérdese todo el tiempo que se está viendo a un hombre que no lee y que no es asistido por ninguna otra cosa que no sea su propia mente):

Atletas mentales
Recibí una invitación genial para asistir y comentar ExpoManagement 2008 (27 y 28 de octubre). El regalo es algo así como recibir una platea para ver una final deportiva (una entrada cara y difícil). Este año vienen algunos destacados deportistas de las ideas a hablar en Buenos Aires, lo que los convierte por un rato en vecinos de la ciudad, entre ellos: Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía), Muchael Porter, Jimmy Wales (creador de Wikipedia), Terry Jones (fundador de travelocity), Muhammad Yunus (Premio Nobel de la Paz), Fernando Parrado.

Espero poder aprender algo bueno y comentarlo acá.

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Mirá!: Tiempo y Suspensión de pagos

Buenos Aires, Jueves 7 agosto 2008


Mis hijos Tony y Vicente dan una vuelta en calesita que dura 2:53, en este video que dura 2:53

El gnomon es el apéndice que en los relojes de sol proyecta la sombra. En esos instrumentos el tiempo es algo que está afuera, el objeto lo busca de la misma forma que la veleta busca al viento. Por el contrario, los relojes mecánicos tienen el tiempo en su interior, dependen de sus propios engranajes, en cierto sentido el tiempo sale desde adentro de ellos.

La tajante clasificación que se puede usar para dividir a los instrumentos que miden el tiempo (los que lo buscan y los que lo poseen) se me ocurre que es parecida con las dos formas posibles de la muerte: También se puede morir desde afuera hacia adentro (un accidente por ejemplo) o, con más frecuencia según los hospitales, desde adentro hacia afuera.

Esta introducción que mezcla una vuelta en calesita en tiempo real, las clasificaciones de los relojes y las dos direcciones de la muerte, simplemente trata de recordarme que el tiempo es algo severo y real.

El tiempo es dinero
Una combinación de tareas familiares e inifinidad de laborales me llevó en las últimas semanas a una condición desconocida: Tengo muchas más cosas para hacer que tiempo disponible. Si estuviera hablando de dinero y no de tiempo tendría que decir que estoy entre la “Suspensión de pagos” y la “Quiebra”.
Dice Wikipedia: “Suspensión de pagos” (Default)

Se denomina suspensión de pagos a la situación concursal en la cual un comerciante o una sociedad mercantil se encuentra cuando no puede pagar la totalidad de las deudas que tiene con sus acreedores por falta de líquido, o dinero en efectivo. Es un procedimiento que tiene por objeto llegar a un acuerdo entre el deudor y los acreedores, bajo supervisión judicial, sobre el modo en que se pagará.

La suspensión de pagos tiene esperanza de solución, la “Quiebra”, no:

Una quiebra o bancarrota es una situación jurídica en la que una persona (persona física), empresa o institución (personas jurídicas) no puede hacer frente a los pagos que debe realizar (pasivo exigible), porque éstos son superiores a sus recursos económicos disponibles (activos).


Extrañas formas de medir el tiempo:Reloj de cerveza de Anab Jain

Luego de casi cuatro años escribiendo casi todos los días este blog, ahora descubro que entré en un grave “Default” (espero que no en una quiebra). Por ahora no puedo escribir. Ni esforzándome. Una anécdota sirve de ejemplo para entender el extremo de mis deudas: Casi todos los emails que respondo después de las 18:00 están escritos en minúsculas porque los tipeo con una sola mano (en la otra, alternativamente están Tony o Pilar).

Dominado por los acontecimientos, el tiempo para mi (nosotros) ahora es igual que para el Gnomon, es eso que está afuera girando y que solo puedo seguir como un galgo que corre.

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Ajax: El mundo sin la web

Buenos Aires, Lunes 3 marzo 2008

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A pocas cuadras de la casa donde pasamos nuestras vacaciones en Pinamar, una calle insistió en recordarme con su indicador la existencia de Internet. El Ajax de este poste no es el del acrónimo, sino el del misionero griego. Rodean a Ajax otras calles que llevan nombres ilustres: Itaka, Banes de Troya, Ulises..

Durante el mes de febrero solo me conecté a la web en las ocasiones indispensables para responder los emails que incluían preguntas de un proyecto que se encuentra en progreso. Más allá de eso, y del cartel de Ajax, traté de vivir un mes entero como si Internet no existiera.

Hace unos años atrás BBC Mundo creó un foro con un tema abierto “Un mundo sin tecnología”. Los foristas ejercitaron allí su imaginación y gran parte de ellos encontraron ideas optimistas relacionadas a no disponer de dispositivos electrónicos, autos, teléfonos, aviones, hornos, etc. Para otros, la mera especulación les resultó abominable.

Este mes de apagón voluntario de Internet me permitió ejercitar la pregunta de BBC de una manera más cerrada, en este caso ¿Cómo sería el mundo sin la web? Antes de la experiencia de febrero tenía una sospecha sobre la respuesta, ahora estoy seguro: El mundo sería horriblemente más vulgar de lo que es. Durante este mes de ayuno los únicos medios que me contaron “la realidad” fueron dos diarios y eventualmente algún noticiero de televisión. Esa dieta hizo que el mundo oceánico, abrumador, inmensamente creativo, al que millones de personas (yo entre ellas) estamos acostumbrados a ver en la web, se redujera inmediatamente al tamaño de una taza de café, llena de borra amarga y reiterativa.

Afortunadamente llevé a Pinamar el último libro de Garry Kasparov “Cómo la vida imita al ajedrez”. El párrafo de abajo pertenece a ese libro:

“Jack Welch, de la General Electric, le dio a un alto directivo de una división de GE que no funcionaba bien un mes de vacaciones para que pudiera volver y comportarse como si llevara cuatro años sin dirigirla.”

Alejado durante un mes, vuelvo como si hiciera cuatro años que no veo la web dispuesto a ver cosas asombrosas.

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Me voy un mes de vacaciones

Buenos Aires, Sábado 2 febrero 2008

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Roberto Cenderelli

HACE un par de semanas almorcé con Roberto Cenderelli, a quien no veía desde hacía más de dos años. Me une a él una respetuosa amistad. Roberto es una de las personas más creativas que conozco, además de tener una especie de sabiduría práctica sobre la vida que manifiesta en consejos sobre todos los temas. Roberto puede explicarte en una conversación cómo contratar un pintor, liderar un consorcio o hablar con tus hijos, y todo de forma consistente. Para quienes no lo conocen, y como mínima presentación, puedo decir que Cenderelli dirigió antológicos programas en la televisión como “El Prisma de la vida” y “Los Argentinos”. También, cuando fue director de América, innovó con audacia en casi todos los géneros, “Chá,chá,chá” y muchos otros programas de aquella época fueron sus descubrimientos. Se puede decir que los programas que dirigió se adelantaron en más de una década a su época, pero mucho mejor es decir que fueron excelentes.

Además de compartir muchos intereses, cuando me junto con Cenderelli, la fotografía, la preservación de las imágenes, el futuro más allá de la propia vida, el tiempo, terminan siendo los temas principales de nuestra conversación. Aunque estemos hablando de otra cosa en realidad parece que siempre estamos hablando sobre esos tópicos.

En el almuerzo que cuestión Roberto me contó sobre unos extraordinarios álbumes familiares que está realizando. Me mostró un tomo que acaba de retirar de esa colección, un libro con fotos de 20 x 25 centímetros con retratos de toda su familia en fotos maravillosas. Algunas de esas fotos tenían a un personaje en solitario, en otras estaban en grupo, mirando a cámara, como en las fotos de antes. Roberto tiene pensado guardar esos libros hasta que sus nietos sean mayores y regalárselos como el tesoro de la familia. Quiere crearles a sus nietos un gran impacto. Por eso, hasta entonces, no les dejará ver los libros.

Recuerdo
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Victor Sueiro

En el mismo almuerzo, más adelante, seguimos conversando sobre el paso del tiempo. Entusiasmado con sus argumentos en un momento Cenderelli dio el siguiente ejemplo:

- “…Mirá a Victor Sueiro, se murió hace un mes y ya nadie habla de él. Tal vez hoy fuimos las únicas personas en el mundo que pensaron en él”.

No es que Roberto fuera amigo de Sueiro (ni siquiera creo que lo conociera), sino que usó el caso como un ejemplo cualquiera para demostrar que todos seremos olvidados. Yo quedé impactado con su frase, no por la afirmación que todos seremos olvidados, ni tampoco por Victor Sueiro, sino por creer que era cierta la posibilidad de haber sido ese día las únicas personas que pensamos en él, en todo el mundo.

Desde ese momento tengo una nueva responsabilidad en mi vida: pensar en Victor Sueiro al menos una vez al día. Quiero aclarar a esta altura que yo tampoco conocí a Sueiro, ni leí sus libros, ni me gustaban sus programas, a pesar de que me caía simpático (sobre todo después del aviso genial de Agulla “Qué Sueiro apague la luz”). Me siento responsable de pensar en él como alguien puede sentirse responsable de tener a un nene de la mano hasta que aparezca su madre. No es que quiera, es que no puedo abandonarlo!

Pinamar sin blog
Este post es el último hasta marzo. A partir de hoy mi familia y yo nos vamos de vacaciones hasta fin de febrero. Para mi las vacaciones son un ejercicio de aislamiento, algo así como un “Gran Hermano” pero entre nosotros. Entonces no voy a postear, ni chequear emails, ni nada. Serán algunas semanas para ir a la playa, jugar, leer algo, caminar, remontar barriletes (¿podremos colgar la cámara de Vicente?), cocinar asados mitad carnívoros y mitad vegetarianos (mis dos hijos mayores no comen carne), en fin, estar tranquilos. Por lo tanto jugaré al inmigrante y trataré de estar con la mente en blanco. Si no fuera por aquella intervención de Cenderelli lo lograría completamente, pero ahora tengo que pensar al menos una vez al día en Victor Sueiro, o siento culpa, y no es lo mismo.

Saludos a todos, y hasta la vuelta

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