Garry Kasparov:Enseñanzas sobre el poder
En “La decadencia de la mentira”, Oscar Wilde sostiene la provocadora idea de que no es el arte el que imita a la vida, sino que es la vida la que imita al arte. Garry Kasparov, en su nuevo libro titulado “Cómo la vida imita al ajedrez” recrea la idea de Wilde y encuentra en el enigmático tablero de ajedrez enseñanzas inspiradoras y cruciales para la vida:
“(…) el único juego que pertenece a todas las personas y a todas las épocas; y del que nadie sabe qué divinidad lo legó a la tierra para matar el hastío, agudizar los sentidos y excitar el espíritu…la simplicidad de sus reglas está al alcance de los niños, los más burdos sucumben a su encanto y, sin embargo, en el interior de ese cuadrado de límites inmutables, se desarrolla una especie peculiar de maestros, que no tiene comparación con ninguna otra, hombres con un talento exclusivo para el ajedrez, genios específicos cuya visión, paciencia y técnica operan con un patrón preciso “
El libro de Kasparov está plagado de anécdotas sobre grandes partidas de ajedrez que son aquí diseccionadas para mostrar cómo en la historia del ajedrez puede verse (y aprender) del miedo, la voluntad, la reflexión, la visión, la intuición, la experiencia y la preparación para el “inevitable conflicto”.Pero éste no es de ningún modo un libro sobre ajedrez, éste es un libro sobre el poder; el poder sobre uno mismo y el poder sobre los otros. A continuación una selección de algunos párrafos de “Cómo la Vida Imita al Ajedrez” de Garry Kasparov.
Locos por el ajedrez
“Varios prominentes jugadores de ajedrez padecieron realmente profundos conflictos psiquiátricos durante o al final de sus carreras. EL maestro alemán Curt von Bardeleben se suicidó en 1924 arrojándose por una ventana, el mismo método que utiliza Luzhin en el libro de Nabokov. El primer campeón del mundo oficial, Wilhelm Steintz, pasó sus últimos años luchando contra la enfermedad mental. Uno de los jugadores de mayor éxito del primer cuarto del siglo XX, Akiba Rubistein, poco a poco fue víctima de una timidez patológica. Tras realizar un movimiento, se escondía en un rincón de la sala a esperar la réplica de su adversario”
Memoria de genio y partidas a ciegas
“El gran maestro polaco Miguel Najdorf quedó atrapado en Argentina cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Cuando la guerra acabó, Najdorf pensó en informar a su familia de Polonia de que había sobrevivido, ofreciendo la mayor exhibición de ajedrez a ciegas que se había celebrado nunca, con cuarenta y cinco tableros simultáneos. Es decir, 1440 piezas por controlar. La exhibición duró tanto que algunos de sus exhaustos oponentes tuvieron que buscar sustitos en la mitad del torneo. Tras casi veinticuatro horas de juego, Najdorf había conseguido treinta y nueve victorias, cuatro tablas y tan solo dos derrotas contra sus rivales, quienes, por supuesto, jugaban viendo el tablero”.
Un arte en el que no hay que olvidarse de ganar.
“El artista Marcel Duchamp era un ajedrecista enérgico y entregado. En un momento dado, incluso abandonó el arte por el ajedrez, afirmando que el juego “poseía toda la belleza del arte, y mucha más”. Duchamp confirmó este aspecto del juego cuando dijo “Personalmente, he llegado a la conclusión de que mientras los artistas no son jugadores de ajedrez, todos los jugadores son artistas”. Y es cierto que no podemos ignorar el elemento creativo, pese a que debemos analizarlo en contraposición al objetivo primordial de ganar la partida.”
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