La luz del pasado

El diario Clarín publica un calendario coleccionable 2010 con imágenes del bicentenario. Se trata de una serie de obras pictóricas de distintas épocas y artistas que representan momentos y personajes fundamentales para el nacimiento de la Argentina en el siglo XIX. Hay varios cuadros dedicados a San Martín, a Manuel Belgrano, cuadros con batallas, etc. Probablemente si no fueran por su valor histórico, muy pocas de esas obras merecería algún comentario artístico.
Entre todas las obras del calendario hay una que me pareció absolutamente sorprendente, que ilustra este post y quiero comentar. Se llama “Damas patricias en la casa de Escalada”. Es un óleo anónimo de la colección del Museo Histórico Nacional.
El cuadro
Un amplio ambiente iluminado con velas muestra a un grupo de 14 mujeres, doce adultas y dos niñas. A la izquierda del cuadro una mujer de pie con vestido rosa acaba de concluir una canción, el recitado de un poema o un discurso que despierta el aplauso de una de las mujeres sentadas, de una de las niñas de pie, y el fervor de la otra niña que levanta su brazo derecho. La mujer en la mesa mira a la cantante con aprobación mientras sostiene un documento. De espaldas al espectador está la anfitriona (¿será la propia Remedios de Escalada?) quien con los brazos abiertos recibe a una mujer joven con pañuelo blanco y flores en la cabeza. Atrás entran otras dos mujeres que miran a la anfitriona esperando su turno para saludar. Sobre las paredes pueden verse dos cuadros religiosos con imágenes orando, y dos espejos.
¿Qué se puede entender de todo esto? Las mujeres del cuadro deben ser las esposas, las hijas o las hermanas de los comerciantes, políticos o militares que están en ese instante ocupados en un gran momento (que seguramente está representado en otros cuadros). Las damas se han reunido acá vestidas de fiesta para compartir su ansiedad, una mezcla de miedo y entusiasmo. Están completamente solas. Los hombres están ausentes en este cuadro como las mujeres lo están en las obras épicas. Aunque no existan, gracias a esta obra podemos darnos cuenta que por cada óleo dedicado a una gran batalla, le corresponde uno similar a éste dedicado a una tertulia de mujeres.
Del artista podemos suponer por los errores de perspectiva que era un amateur. Probablemente su falta de formación y la profunda intuición lo hicieron concentrarse en la luz de una manera inapropiada para la época, anotando más allá de lo que hubiera hecho otro artista el detalle de las sombras, la pobre atmósfera luminosa de las 13 velas, y la oscuridad que rodea el cuadro como un cerco. Gracias a eso, al ver el tétrico salón púrpura pintado con tanto esmero, podemos entrar en él , escuchar el “fru fru” de la seda, entender algo nuevo de las 15 mujeres del cuadro; las 14 que se pueden ver, más la artista que está pintando y no se ve. Porque si hay algo que esta obra nos deja saber es que fue pintada por una mujer ¿Podría un hombre estar ahí sin alterarlo todo? ¿Habría considerado un hombre ese mundo de faldas digno de un cuadro?. Esta modesta pintura amateur, sin duda pertenece a una mujer genial de la que lamentablemente no sabremos nunca su nombre. Fue alguien que tuvo la sensibilidad de pintar su pequeño mundo de tinieblas con gran delicadeza. Hizo que el parpadeo de las velas de una noche con amigas hace doscientos años, brillen en la página del mes de abril de un calendario del año 2010.






