Google Book Search, Cápsulas de Tiempo y Barbara Cassin

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Dec 10
2008
12:27


En la ilustración de Popular Science, un grupo de arqueólogos del futuro desentierran la Cápsula de Tiempo Westinghouse en el año 6939 .

Entre la asombrosa colección de revistas y libros indexados por Google Book Search , se encuentran los números de la famosa revista Popular Science desde 1870 hasta diciembre de 2006. Uno a uno estos ejemplares pueden hojearse como una revista virtual o buscar por palabras en su interior. El hallazgo del dibujo de arriba pertenece a la búsqueda “Time Capsule” (me encuentro trabajando en un proyecto relacionado) y muestra cómo lo ilustró la edición original de diciembre de 1938.


(aviso original de PS de 1968)

Al respecto de las Cápsulas de Tiempo, Google Search ha puesto a disposición una gran cantidad de libros, entre ellos las 300 páginas de un libro fundamental editado en el año 2003, Time Capsules: A Cultural History de William E. Jarvis, donde se repasan minuciosamente 5000 años de historia de mensajes enviados al futuro, desde los egipcios a la cápsula de tiempo de The New York Times. En definitiva, gracias a Google Book Search podemos leer publicaciones inaccesibles (en este caso, mi paisaje de información sobre las Cápsulas de tiempo es mejor y más profundo).

Al encontrar estas revistas y libros no puedo dejar de recordar el libro de Barbara Cassin “Googleame, la segunda misión de los Estados Unidos” con sus mohosas ideas conspirativas, ni los berrinches equivocados de autores y editores sobres sus derechos violados (gracias a Google Book Search ahora se que puedo comprar el libro de William E. Jarvis en Barnes & Noble por U$S 39 y antes no sabía ni siquiera que existía). No tengo dudas que para los lectores el mundo de los libros es mejor con Google Book Search , a pesar de los llantos y rencores de la profesora Barbara Cassin.

Link Cripta de la Civilización en Popular Science
Link Westinghouse Time Capsule en Popular Science
Link Popular Science en Google Book Search




Garry Kasparov:Enseñanzas sobre el poder

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En “La decadencia de la mentira”, Oscar Wilde sostiene la provocadora idea de que no es el arte el que imita a la vida, sino que es la vida la que imita al arte. Garry Kasparov, en su nuevo libro titulado “Cómo la vida imita al ajedrez” recrea la idea de Wilde y encuentra en el enigmático tablero de ajedrez enseñanzas inspiradoras y cruciales para la vida:

“(…) el único juego que pertenece a todas las personas y a todas las épocas; y del que nadie sabe qué divinidad lo legó a la tierra para matar el hastío, agudizar los sentidos y excitar el espíritu…la simplicidad de sus reglas está al alcance de los niños, los más burdos sucumben a su encanto y, sin embargo, en el interior de ese cuadrado de límites inmutables, se desarrolla una especie peculiar de maestros, que no tiene comparación con ninguna otra, hombres con un talento exclusivo para el ajedrez, genios específicos cuya visión, paciencia y técnica operan con un patrón preciso “

El libro de Kasparov está plagado de anécdotas sobre grandes partidas de ajedrez que son aquí diseccionadas para mostrar cómo en la historia del ajedrez puede verse (y aprender) del miedo, la voluntad, la reflexión, la visión, la intuición, la experiencia y la preparación para el “inevitable conflicto”.Pero éste no es de ningún modo un libro sobre ajedrez, éste es un libro sobre el poder; el poder sobre uno mismo y el poder sobre los otros. A continuación una selección de algunos párrafos de “Cómo la Vida Imita al Ajedrez” de Garry Kasparov.

Locos por el ajedrez
“Varios prominentes jugadores de ajedrez padecieron realmente profundos conflictos psiquiátricos durante o al final de sus carreras. EL maestro alemán Curt von Bardeleben se suicidó en 1924 arrojándose por una ventana, el mismo método que utiliza Luzhin en el libro de Nabokov. El primer campeón del mundo oficial, Wilhelm Steintz, pasó sus últimos años luchando contra la enfermedad mental. Uno de los jugadores de mayor éxito del primer cuarto del siglo XX, Akiba Rubistein, poco a poco fue víctima de una timidez patológica. Tras realizar un movimiento, se escondía en un rincón de la sala a esperar la réplica de su adversario”

Memoria de genio y partidas a ciegas
“El gran maestro polaco Miguel Najdorf quedó atrapado en Argentina cuando estalló la Segunda Guerra Mundial. Cuando la guerra acabó, Najdorf pensó en informar a su familia de Polonia de que había sobrevivido, ofreciendo la mayor exhibición de ajedrez a ciegas que se había celebrado nunca, con cuarenta y cinco tableros simultáneos. Es decir, 1440 piezas por controlar. La exhibición duró tanto que algunos de sus exhaustos oponentes tuvieron que buscar sustitos en la mitad del torneo. Tras casi veinticuatro horas de juego, Najdorf había conseguido treinta y nueve victorias, cuatro tablas y tan solo dos derrotas contra sus rivales, quienes, por supuesto, jugaban viendo el tablero”.

Un arte en el que no hay que olvidarse de ganar.
“El artista Marcel Duchamp era un ajedrecista enérgico y entregado. En un momento dado, incluso abandonó el arte por el ajedrez, afirmando que el juego “poseía toda la belleza del arte, y mucha más”. Duchamp confirmó este aspecto del juego cuando dijo “Personalmente, he llegado a la conclusión de que mientras los artistas no son jugadores de ajedrez, todos los jugadores son artistas”. Y es cierto que no podemos ignorar el elemento creativo, pese a que debemos analizarlo en contraposición al objetivo primordial de ganar la partida.”
Continúa!




Cormac McCarthy: La carretera

Nov 28
2007
13:31

the-road.jpg
“Tiempo prestado y mundo prestado
y ojos prestados con que llorarlo”

C. McCarthy. La carretera

Richard Matheson imaginó en 1954 un último episodio para la historia de la humanidad donde todos los seres humanos se han convertido en vampiros, menos uno. Ese sobreviviente se llama Robert Neville , la novela “Soy Leyenda” . Matheson describe allí una versión del fin del mundo que se concentra minuciosamente en las tareas que hace Neville en un poblado vacío. Su rutina es encontrar comida, buscar combustible, fortificar el escondite, y repetir mensajes de radio buscando a otros sobrevivientes. Durante el día anda entre casas deshabitadas, calles sin nadie, negocios y supermercados a puertas abiertas. Por la noche lo aguarda el peligro atroz de una población completa de vampiros.

La novela de Matheson es una novela apocalíptica que se volvió un clásico de la literatura de terror. En 1964, el actor Vincent Price protagonizó una versión cinematográfica de esa historia que se llamó “The Last Man on Earth” (actualmente de dominio público) dirigida por Ubaldo Ragona y co-escrita por el propio Matheson. Ésta es la versión completa de la película (1h 26m)

Cincuenta y dos años después de “Soy Leyenda”, el novelista norteamericano Cormac McCarthy ganó el Premio Pulitzer 2007 por otra novela apocalíptica llamada “La carretera” (The Road). En ella un hombre y un niño son dos de los pocos sobrevivientes que han quedado en el mundo luego de una catástrofe planetaria que en la novela apenas es nombrada como un viejo recuerdo:

“Los relojes se pararon a la 1.17. Un largo tijeretazo de claridad y luego una serie de pequeñas sacudidas. Se levantó y fue a la ventana. ¿Qué pasa?, dijo ella. Él no respondió. Entró en el cuarto de baño y pulsó el interruptor de la luz pero ya no había corriente.”

De esa hecatombe han pasado tal vez siete u ocho años, la edad del chico. Desde entonces el padre y el hijo –ambos sin nombre- huyen hacia el sur por una carretera cubierta de cenizas y nieve, por tramos incendiada, con cadáveres calcinados que afloran negros con las bocas abiertas. Van los dos arrastrando un destartalado carrito de supermercado viendo a veces a su paso “Cosas extrañas esparcidas por la cuneta. Electrodomésticos, muebles. Herramientas. Cosas abandonadas tiempo atrás por peregrinos en ruta hacia sus diversas y colectivas muertes.”

En la novela de Matheson hay, de alguna manera, abundancia, buen clima y los monstruos son salidos de la imaginación de la literatura. En la de McCarthy no queda nada de nada, el mundo fue arrasado, el sol apenas ilumina durante el día a través de las nubes de ceniza, de noche no hay estrellas, ni luna, el frío es mortal. También hay monstruos, pero en este caso auténticos. Por esa ruta van los dos desamparados.

La carretera es una novela breve de apenas 210 páginas. El padre y el niño son sus dos únicos protagonistas que hablan entre sí lo imprescindible. Solo sobreviven aterrados, día por día, hora por hora:

“Acuclillados en la carretera comieron arroz frío y alubias frías que habían cocido días atrás. Empezando ya a fermentar. No había sitio donde hacer fuego sin que les vieran. Dormían acurrucados el uno contra al otro envueltos en las malolientes colchas en medio de la oscuridad y el frío. Él abrazando al chico. Tan flaco. Mi corazón, dijo. Mi corazón. Pero sabía que aun siendo un buen padre era muy posible que ella llevara la razón en lo que dijo. Que el chico era lo único que había entre él y la muerte.”

Dice en otro párrafo:

“El frío y despiadado girar de la tierra intestada. Oscuridad implacable. Los perros ciegos del sol en su carrera. El aplastante vacío negro del universo. Y en alguna parte dos animales perseguidos temblando como zorros escondidos en su madriguera. Tiempo prestado y mundo prestado y ojos prestados con que llorarlo.”

En alguna parte debe haber un índice de las historias más conmovedoras y tristes que se hayan escrito. Las circunstancias que viven este padre y ese hijo en “La carretera”, deben encontrarse allí.

Link “La Carretera” Cormac McCarthy
Gracias a Andrés Hax que me regaló esta novela