Más allá del cine

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Jun 5
2007
23:39


Nota: Esta columna fue publicada originalmente en Terra Magazine.

La película de arriba se llama “Metalosis Maligna” . Es una obra breve de apenas 7 minutos pero verdaderamente genial. La historia cuenta un aterrador futuro donde los implantes metálicos del cuerpo humano, cada vez más frecuentes –articulaciones, huesos, dientes, marcapasos- degeneran en una extraña enfermedad mortal que se apodera progresivamente de las personas. Fue realizado por los directores Floris Kaki y Sil Van Der Woerd, quienes quisieron explorar en este film aspectos técnicos novedosos, como lo son las animaciones y la acción en vivo.

Antes de Youtube (marzo 2005), los cortometrajes como Metalosis Maligna tenían muy pocas posibilidades de ser visto fuera del gueto que configuran los asistentes a festivales de cine. Así, el cine de formato breve era creado como una pieza artística o un ejercicio cinematográfico al cual el público en la mayoría de los casos no accedía. Pero el mundo post Youtube comenzó a ofrecerle a estas películas nuevas audiencias. Ahora, por ejemplo, si sumáramos la cantidad total de espectadores que vio Metalosis Maligna en Youtube, Blip.tv y otros servicios en los que se encuentra publicado este corto, veríamos que la cifra supera ampliamente las 20.000 personas, un éxito del que pocas películas producidas en América latina se pueden enorgullecer de alcanzar y por cierto, un ejemplo de que los cortometrajes salieron de su envase de audiencias minúsculas e iniciadas para abarcar a las masas.


My Space: The Movie

Para establecer el alcance de la estampida que han sufrido el cine y las audiencias, resulta elocuente tomar como ejemplo a la comedia breve llamada “My Space, The Movie”, del joven director David Lehre que fue vista en Youtube por 598.000 personas, cifra que –para comparar- solo fue superada por dos películas argentinas durante el año 2006: “Bañeros 3: Todopoderosos” fue vista por 1.120.000 personas y “El Ratón Pérez” por 920.000 personas.

Para muchos especialistas es completamente cuestionable considerar a los cortometrajes o largometrajes exhibidos en Internet como cine. Algo similar sucede con el DVD o cualquier otra experiencia cinematográfica fuera de las salas de cine. En ese sentido pudo verse en la penúltima entrega de los premios Oscar como se filtraron chistes corporativos e ironías acerca de la gente que ve las películas en DVD (”ja, ja! eso no es cine”)

Cine es, para esta rígida clasificación, solo lo que se ve en una sala a oscuras con luz proyectada sobre una “pantalla de plata”. No es cine entonces ni el DVD, ni el video, ni mucho menos el cine visto en una computadora o en dispositivos móviles. Esta definición es tan estricta que, por ejemplo, si un documental es estrenado en una sala cinematográfica es “cine documental”, pero si es estrenado en televisión es “Documental de Televisión”. Poco hay que decir de un documental que se estrena en Internet sin pasar por las salas de cine o la televisión: Eso no es nada.

El Cine son imágenes en movimiento

El cine al escapar de los proyectores y filtrarse a una velocidad de cascada por todos los dispositivos capaces de mostrar imágenes en movimiento ( el televisor, la computadora, el iPod , el teléfono celular) cambió para siempre. Todo se volvió “el cine”, hasta las salas cinematográficas ¿Qué se nombra cuando se habla de cine? Probemos una nueva definición: El cine es toda imagen que se mueve y se puede reproducir (quedan afuera las imágenes en los espejos y en el agua).

El cine fuera del cine, la televisión fuera del televisor

Recientemente la revista Wired publicó una lista de las 10 mejores películas de dominio público disponibles en Internet. Entre ellas está el clásico de terror de George Romero (que vieron en Google Video más de 90.000 personas).

Night of the Living Dead (1968) 1hora :35 minutos

Pero, como dijimos antes, para las más estrictas definiciones sobre cine, la película de Romero que aparece publicada íntegra acá arriba, no es cine, es otra cosa.

El investigador Luis Alberto Quevedo se preguntaba meses atrás en un reportaje en el diario La Nación si “¿Comprar o alquilar un DVD con la serie Seinfeld es mirar televisión?” Quevedo respondía a su propia pregunta “¡Señores, esto no es televisión!” Es otro producto cultural”, una afirmación muy similar a la que hacen del cine fuera de la salas (DVD, Internet) algunos críticos y especialistas en consumos culturales de todo tipo “¡Señores, eso no es cine!”.

Para estas definiciones y otras, Internet es el limbo. No es cine, aunque se vean películas; no es televisión aunque se vean programas de televisión; no es un diario (¡Señores,esto no es un diario!) aunque se lean noticias; no son cartas aunque sea correspondencia; no son pareja aquellos que se conocieron en Internet ¡Señores, No son fotos si no están impresas!… Para el dogma, estas nuevas formas de consumo de entretenimiento, información, saber, conocimiento o relaciones humanas, siempre tienen una versión anterior, superadora y verdadera.

Ultracine
Todos conocemos a alguien (sino nosotros mismos) que un fin de semana alquiló la primera temporada de una serie (The Sopranos, 24, Nip/Tuck) y terminó viéndola completa en una noche. La experiencia es gratificante y perturbadora. Es gratificante porque la motivación para haberse quedado horas y horas frente al televisor fue una historia admirable que se desplegaba llena de vericuetos y suspensos y personajes terciarios y cuaternarios (cosa que nunca pasa en el cine) hasta terminar. Fue perturbadora porque esa experiencia no se parece a nada conocido “¡Señores.Eso no es televisión ni tampoco cine!”, dirán. De cualquier manera nadie nos puede quitar la sensación de haber vivido una experiencia extraordinaria con imágenes en movimiento.

Las nuevas experiencias del cine fuera de las salas y de la televisión fuera de las señales, abre dimensiones inéditas. En adelante nos conmovemos sin preguntar qué es (¿cine? ¿televisión? ¿video ondemand?) con una buena historia de 4 minutos , o una de 24 horas, o un comercial apasionante:




Comentarios (3)

Comentario:
Escribir para un medio es escribir para un sistema, un conjunto de partes que está formado por los editores, la marca abarcadora y lo que los lectores esperan encontrar allí. No se puede escribir cualquier cosa. El asunto siempre produce un modo de escritura particular, el sistema afecta a la escritura de la misma manera que ir a cenar a la casa de mis padres produce un tipo de conversación.

Esta columna que publiqué en Terra dice lo que pienso sobre este tema, tal cual. Terra la ha publicado casi sin ningún cambio. Sin embargo si tuviera que escribir la misma idea acá lo haría distinto. Sería más directo, breve y personal. Eso me llama la atención y por eso hago este comentario.

Sucede que la forma de los medios nos afecta profundamente. Por ejemplo: ¿Para quién escribo cuando escribo en un medio? ¿A quién tengo que persuadir de qué cosa? ¿Cuántos conocimientos comunes tenemos esas personas que leen y yo?

Cuando escribo en “Mirá!”, en cambio, siento que estoy muy próximo a las personas que leen. Siento lo mismo que cuando envío un email a una persona con la que no tengo confianza, pero que sospecho que tengo algo en común y me entenderá.

Esto me pasa siempre y por esa razón casi nunca publico en Mirá! algo que escribí para un medio, me suena falso, raro, alienado…
…….
Cuando era chico iba a una escuela pública donde todos los chicos vestíamos delantal blanco. Cuando visitaba a un compañero en su casa y lo veía vestido de entre casa, yo me sentía incómodo. Era un descubrimiento, creía que uno de los dos era falso, o el compañero con delantal era el verdadero o el otro en su casa lo era.

Algo así me pasa con lo que escribo fuera de Mirá!…Es esta escritura de delantal que no me conforma.




Esta bueno lo que decis, pero me parece que es la misma diferencia que hay en el periodismo “tradicional” entre un nota y una columna de opinion. El tono es otro y las reglas de produccion tambien. En la columna te sentis m’as vos. Las distancias se acortan.




Excelente nota. El paradigma de la ¨pantalla de plata¨ es un anacronismo que reina en el medio del cine y que sostienen aún aquellos que son los primeros damnificados.




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